Posteado por: josejuanmorcillo | abril 9, 2010

Morbo (9-4-10)

Algunos sostienen que los hombres somos más chismosos que las mujeres, que sentimos más interés que ellas hacia la anécdota o el cotilleo. Y quizá no anden demasiado equivocados quienes afirman esto, porque he de reconocer que en muchas ocasiones se me despierta un genético interés auditivo hacia las conversaciones ajenas. El otro día, sin ir más lejos, mientras paseaba por una calle céntrica de mi ciudad, escuchaba atentamente la conversación que una joven mantenía con su resignado novio, y, en ella, la chica justificaba su desmedido interés hacia un cantante de moda por el morbo que tenía. Cuando oí eso del morbo no supe muy bien a qué hacía referencia, y más cuando la Real Academia lo define en su Diccionario como un `interés malsano por personas o cosas´ e, incluso, como una `atracción hacia acontecimientos desagradables´. Y, claro, no creo que la muchacha sintiese tanta rareza hacia alguien que debía de ser un portento de la naturaleza, a tenor de la descripción tan apolínea que le ofrecía a su chico.

Pero Manuel Seco, en su Diccionario de español actual, nos lo define como el `atractivo propio de lo prohibido, inconfesable o truculento´, o simplemente como `atractivo o encanto´. Y estas definiciones sí que encajan en el contexto conversacional de la pareja de novios. Hace unos días, en un programa de cuchicheos y chismorreos, escuché las confesiones de una popular actriz, casada, que se lio con un compañero de profesión, también casado, que le prometió que dejaría a su mujer cuando ella abandonara a su marido; ella lo creyó, pero él mintió, así que la desconsolada infiel se quedó sin uno y sin otro, y, entre sollozos y a golpe de talón, confesaba que su aventurita fue más por morbo que por auténtico amor.

De vuelta al idioma, no debemos olvidar que el término morbo es un cultismo, del latín morbus (`enfermedad´), y de ahí que, durante siglos, se hablara del “morbo comicial” para referirse a la epilepsia, del “morbo gálico” para la sífilis, o del “morbo regio” para la ictericia. Hoy en día, quizás, no estaría del todo mal hablar del “morbo musical” para definir el neurótico fenómeno fan, o del “morbo por lo ajeno”, que fue lo que sufrió la desdichada famosa de antes.

En esta línea, resulta interesante comprobar que de morbus deriva también la palabra muermo. El muermo es una enfermedad de las caballerías, contagiosa para el hombre, cuyos síntomas son la tos y la falta de respiración por congestión nasal. Este mal provoca también, tanto en los animales como en los humanos, un estado de apatía y decaimiento, lo cual explica que cuando se dice de alguien que es un muermo se le está describiendo como un ser aburrido, tedioso, y cuya conversación causa en el sufrido acompañante una insoportable sensación de sopor.

Por Castilla-La Mancha he escuchado un término verdaderamente deslumbrante y que les voy a transcribir. Se usa cuando alguien sufre una fuerte congestión nasal motivada por un resfriado de caballo –y nunca mejor dicho-. A esa congestión se le denomina amormadero, y, si bien no es muy frecuente, todavía es usada sobre todo por los más mayores, y más si provienen de ámbitos rurales.

En fin, que, visto lo leído, al final resultará que los muermos y los amormaderos son, sin más, una cuestión de morbo.

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