Posteado por: josejuanmorcillo | marzo 20, 2010

Astenia (19-3-10)

Los médicos insisten en que no debemos preocuparnos, que los síntomas son sólo pasajeros y que no se trata de ninguna patología. Pero todas las primaveras, y cuando las lluvias dejan paso al sol y a las altas temperaturas, muchos tienen que padecer las incomodidades de la alergia por un lado, y, por otro, las molestias que nos causa la astenia primaveral: fatiga constante, apatía, trastorno del sueño y, a veces, tendencia a la depresión. Y este año se verán especialmente acentuados estos síntomas por la cantidad de lluvia y nieve que el invierno nos ha dejado y por el escaso número de días que hemos pasado sin apenas ver el sol.

Muchos habremos oído distintas versiones lingüísticas del término astenia. El otro día, sin ir más lejos, escuché a un taxista que me aseguraba, con cierto tono de resignación, que ya estaba “con la abstemia”. Y, claro, yo no sabía a qué abstemia se refería, si a la abstemia de su consorte o vaya usted a saber cuál, porque una abstemia es una mujer que no ingiere bebidas alcohólicas porque o no le gustan o bien porque el médico se las ha prohibido para evitar otra posible adicción o recaída.

Me contaba un médico que hay pacientes, en apariencia con una buena preparación cultural, que confunden términos muy similares en la forma, y que en más de una ocasión ha oído disparates como “enema pulmonar” o le han pedido consejo sobre cómo “aplicar el edema por el ano y que duela menos”. Lo último le ocurrió hace unos días cuando una señora remilgada, de voz engolada y porte decimonónico fue a verle a la consulta afectada de algo de cansancio y apatía, y a la vista saltaba que la sensación de agotamiento que padecía era tan intensa como su mucha arrogancia y engreimiento. Lo fascinante ocurrió cuando la señora aseguró que estaba convencida de que sus males se debían a “la tenia primaveral”. “¿A qué tenia se refiere usted, señora?”, le preguntó intrigado. “Pues a cuál va a ser, a la de la primavera”. Recuerdo que de pequeño, en aquellas noches calurosas de agosto en el patio de la casa del pueblo, las mujeres contaban historias que se me antojaban fantásticas, algunas terroríficas, de auténtico pánico. Una de esas historias narraba lo ocurrido a una vecina que fue perdiendo peso de una manera tan alarmante que, al cabo de unas pocas semanas, ni su propio marido era capaz de reconocerla. Un curandero que vivía no muy lejos de allí fue a visitarla cuando la pobre ya no tenía ni fuerzas para levantarse, y, al mismo verla, no tuvo duda de lo que le sucedía. Inmediatamente pidió un vaso de leche y lo colocó junto a la boca abierta de la enferma. Contaban aquellas mujeres que, al cabo de unos minutos, una tenia comenzó a salir de su boca y, tras tirar de ella suavemente, salió casi tres metros de gusano.

El único parecido que tienen los términos tenia y astenia es que son de origen griego: el primero proviene de tainía (`cinta´, por la forma del gusano), y el segundo de asceneia (`falta o ausencia de fuerza´). El resto es confusión y cansancio, disparate y apatía, pero no hay nada que no tenga remedio.

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