Posteado por: josejuanmorcillo | marzo 5, 2010

Un buen piropo (5-3-10)

Es lo que nos faltaba. Según indica un estudio realizado por la Universidad Estatal de Ohio (EE. UU.) y publicado en el Journal Intelligence, la inteligencia no tiene nada que ver con el dinero, y, según este hallazgo, las personas con un coeficiente intelectual por debajo de la media atesoran tanto dinero como las más inteligentes. Nosotros ya sabíamos por otras investigaciones que la inteligencia humana no había aumentado prácticamente nada desde la Edad de Bronce, y que si pudiésemos traer al presente un niño alumbrado hace unos cuantos milenios podría desarrollarse con las mismas posibilidades que otro nacido ayer. Esto no deja de ser un golpe de gracia a la consideración altísima que del intelecto teníamos todos los mortales.

Lo cierto es que la inteligencia humana es minusvalorada en los tiempos actuales, incluso desde el ámbito lingüístico. Ya lo comentó el profesor Lázaro Carreter –mi estimado maestro- cuando censuró el empleo de autor intelectual para referirse al planeador o inductor de un crimen ya que –y son sus palabras- “coloca al intelecto bajo sospecha”. Un hallazgo o un descubrimiento científicos, la escritura de un ensayo o de una buena obra literaria, la composición de una partitura o de cualquier creación artística son logros de la inteligencia humana, pero una fechoría no.

Con todo, he de reconocer que la noticia no me ha pillado de nuevas, ni tampoco me ha sorprendido la conclusión a la que ha llegado la doctora Zagorsky, la científica autora del estudio: “Las personas no se enriquecen porque son inteligentes”. Sería interminable la lista de genios, artistas e intelectuales que murieron pobres, y algunos en condiciones infrahumanas, como fue el caso de Góngora, que no fue dueño ni del jergón mugriento y mohoso sobre el que murió. Y seguro que casi todos ellos se estarían dando cabezazos si viesen el precio desorbitante al que el mercado actual está tasando sus obras.

Así y todo, abrigo la certeza de que muchos lectores reconsiderarán a partir de hoy lo de utilizar el término inteligente como un piropo. Y ya que estamos en harina, la palabra griega pyropus, que significa `color rojo fuego´, era empleada por los romanos para clasificar piedras preciosas de color rojo como el rubí, y los hombres que no tenían suficiente dinero para regalar estas piedras gratificaban a sus mujeres con lindas palabras con las que elogiaban su belleza y encendían sus mejillas de un color rojo fuego, como piropos. Hoy en día, y en un país como el nuestro, el piropeo es un arte que sólo está al alcance de muy pocos, pues el buen piropo ha de ser elegante, audaz y directo. Digo que en un país como el nuestro, porque en otros es delito: hace unos meses, dos jóvenes saudíes fueron condenados a ciento veinte latigazos cada uno por piropear a una mujer en un centro comercial de Yeda, en el oeste de Arabia Saudí. Para acercarse y pedirles fuego a las saudíes.

Mi abuela solía decirme con sus ojos cargados de cariño: “Vales más que las pesetas”. Sé que con aquel piropo no se refería a una riqueza material, sino a otra bien distinta y que ahora, desde tan lejos, de nuevo reconozco. El enriquecimiento espiritual siempre prevalece sobre el económico.

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