Posteado por: josejuanmorcillo | enero 15, 2010

Doméstico (15-1-10)

Las vacaciones navideñas, y al contrario de lo que se pueda pensar por la presión y la realidad económicas, han sido un motivo más que suficiente para que millones de personas, deseosas de olvidarse por unos días de la pesada monotonía del trabajo fuera y dentro de casa, hayan viajado a cualquier sitio donde todo estuviera hecho y servido, donde no hubiera que hacer camas ni comidas, ni fregar suelos ni baños, ni llenar el lavavajillas. Y muchos de ellos han aprovechado, como es habitual por estas fechas, para reunirse de nuevo con los familiares a los que tan solo se ve dos veces al año, en verano y para el turrón. Son viajes domésticos, es decir, viajes al hogar.

Por doméstico se entiende todo aquello que está relacionado con la casa familiar. Es un cultismo que proviene del latín domesticus, y éste, a su vez, de domus, que quiere decir `hogar´. De aquí proviene el término domicilio, que también significa `casa, lugar de residencia habitual´, aunque, curiosamente, se suele confundir con el sentido de `dirección´. En la línea de todo esto, cuando se domestica a un animal se le educa para poder vivir dentro o junto a una casa, y este paso, el de la domesticación de algunas bestias, fue, como sabemos, uno de los grandes avances de la humanidad que conllevó la aparición de ganados principalmente de autoconsumo y subsistencia. Domesticación, por tanto, denota mansedumbre o sumisión, y esta es la razón de que encontremos en textos clásicos, sobre todo de los siglos XVI y XVII, la palabra doméstico con el sentido de `manso y apacible´: valgan como ejemplo las siguientes palabras extraídas de un texto espiritual de 1528: “Tú, Señor, tenías en la cruz tu doméstico cuerpo muy castigado y disciplinado”.

Pero en los últimos años se está imponiendo entre muchos hablantes, y también en más de un medio de comunicación, un uso incorrecto del término que hoy estamos abordando. En un programa informativo se ofrecían cifras sobre los destinos turísticos preferidos por los españoles, y en un momento determinado el locutor llegó a afirmar: “Durante las vacaciones navideñas, y a pesar de las cancelaciones por las fuertes nevadas, los vuelos internacionales superaron a los domésticos”. Si nos fijamos, y por clara influencia del inglés, aquí se está utilizando doméstico con el significado de `nacional´, que en aquella lengua es un uso metafórico y correcto, pero que en la nuestra no lo es. No es correcto decir “vuelos domésticos”, sino “vuelos nacionales”, como tampoco es admisible la aplicación de este término en contextos preferentemente políticos y cuando se hace referencia a los “problemas domésticos” del país: los problemas domésticos son los referidos al hogar (como la violencia doméstica), pero los conflictos que surgen en el seno de una sociedad y de una nación son los “problemas internos”. En El Mundo leí un artículo sobre la crisis por la que está atravesando el fabricante automovilístico General Motors, y se explicaba que la única salida posible era concentrar todos los esfuerzos en las plantas de producción estadounidenses; su título era: “GM se centrará en sus problemas domésticos”. Patinazo lingüístico por un profesional del idioma. Esperemos que no se generalice. Pero, como dice el refrán, “en casa donde no hay harina todo es mohína”.

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