El verano ha irrumpido con hambre atrasada, con esa ansia propia de quien saca la cabeza del agua para poder respirar. El verano ha explotado como una bomba de hidrógeno, con un calor aplastante que ha asfixiado definitivamente el largo y duro invierno. Pero, al margen de estos ascensos bruscos del mercurio, el buen tiempo me ha animado a apuntarme a la nueva moda masculina de lucir palmito. Reconozco que aún soy un neófito en esto de la estética para el hombre, pero me animé y ahí fui, valiente y resuelto, a probar suerte en una perfumería. Lo primero que llamó mi atención fue que la sección de cosmética masculina era unas cinco veces más reducida que la femenina, lo cual ya dejaba claro que no llegaba demasiado tarde para engancharme al vagón esteticista. Aunque mi mujer afirma socarronamente que esto se debe a la crisis de los cuarenta, sin su ayuda me habría visto perdido entre tantas cremas: las hay hidratantes para el rostro, manos, pies y cuerpo entero; para desescamar la piel de la cara; antiarrugas y antiedad; para reafirmar ojos, abdomen y algo más que la discreción me impide nombrar; hay emulsiones para antes, durante y después del afeitado que te prometen la imagen más apolínea; una amplia gama de geles hidra-revitalizantes y champús reconstituyentes, así como unas toallitas activas antifatiga con efecto tensor inmediato antiestrés. Y yo, miren, me vi tan desbordado ante tanta información y potingues, que al final no me aventuré ante tanto caos perfumado.
La primera vez que en español se documenta el término cosmético es en una carta fechada en 1825 que Leandro Fernández de Moratín escribió a una señora, y en la que le decía: “Viva usted contenta, engorde, crezca, y no permita que los años estraguen su florida juventud; para eso hay cosméticos que se adquieren por una friolera”. No me negarán que suena a anuncio publicitario.
Con todo, y pese al mal rato padecido en aquella tienda, he de reconocer que la cosmética tiene muy poco de caótico. Sabemos que un cosmético es todo aquello que se usa para el aseo o belleza del cuerpo, principalmente de la cara, y este significado no es de extrañar si vemos que el término deriva del griego kosmetikós, y éste a su vez del verbo kosmeo, que quiere decir `adornar, ordenar, disponer´, de ahí la palabra cosmos (< kosmos), que significa `orden, disciplina´ y también `el orden, la organización del universo´.
Emparentado con esta raíz está el nombre de Cosme. Cuenta la tradición que san Cosme y su hermano gemelo san Damián eran médicos y trabajaban altruistamente -sin cobrar, se entiende- cuando atendían a enfermos pobres, pero, a pesar de sus buenas acciones, fueron decapitados por no renegar de su fe. Sin duda, los dos hermanos pueden ser considerados como los pioneros de organizaciones humanitarias actuales como Medicus mundi, y con razón son los patrones, junto con san Lucas, de médicos y cirujanos. Pero quisiera ser más preciso con san Cosme, porque, para hacer gala del significado de su nombre (`el adornado, bien presentado´), acaso podríamos considerarlo como el representante o patrón de los cirujanos plásticos. No es nada disparatado, ¿no creen?; sólo es cuestión de proponerlo a las autoridades competentes.
Me hace sonreír, pensar que el colectivo médico y especialmente, el que se dedica a operaciones de estética, pueda tener un santo patrón.Yo pensaba que era el Tío Gilito, vamos; lo daba por hecho.
Por cierto “caridad” y “solidaridad” son dos conceptos que no hay que confundir.Si los dos santos hermanos, levantaran la cabeza y vieran como se inventó y creó la la “solidaridad”, probablemente pedirían de nuevo la decapitación.Saludos.
Por: Luís el Junio 6, 2009
a las 8:52 pm
Gracias por tu comentario. Sí, la verdad es que, si la mitad de los santos levantaran la cabeza y vieran qué se ha hecho y qué se está haciendo, volverían de nuevo al lugar de donde vinieron. Un saludo.
Por: José Juan el Junio 7, 2009
a las 8:41 am