Para la gran mayoría de demócratas, y al margen de su ideología política, la sonora pitada que muchos aficionados vascos y catalanes lanzaron contra el rey y contra los acordes del himno español al comienzo de la final de la Copa del Rey de fútbol de este año fue la demostración de una desmedida falta de respeto. Aquello fue lamentable, sin duda, como también lo es el empeño de cubrir la cultura y el deporte con la pátina de la ideología política. No tenemos más que leer algunos versos del himno actual del Athletic de Bilbao traducidos del vasco: “Juventud rojiblanca / en verde campo / ejemplo de Euskalerria /[…] ¡Adelante juventud nuestra! / Bilbao y toda Vizcaya / sean enaltecidos en todo el mundo. / ¡Arriba muchachos! / ¡Arriba siempre Euskalerria!”. Pero al margen de pataletas políticas, de aquel evento me quedo con el magnífico espectáculo deportivo que ofrecieron el Barça y el Athletic y, si me lo permiten, con el alirón de los culés.
Según la RAE, la palabra alirón es una interjección que se usa “para celebrar la victoria en una competición deportiva” y que se puede emplear como sustantivo con los verbos cantar o entonar (“Cantar, entonar el alirón”). Lo discutible es si esta palabra proviene del árabe hispánico ali´lán (`proclamación´), como señala la Academia, porque hasta finales del siglo XIX y principios del XX no hay rastro del uso de esta interjección. Este dato, junto al hecho de que como sustantivo solo se pueda emplear con los dos verbos que hemos anotado más arriba, me hace pensar que este término tiene un origen bien distinto. La comarca de Gallarta y de los montes de Triano, junto a Bilbao, ha sido conocida desde la Antigüedad por sus magníficos yacimientos de hierro. Ya Plinio el Viejo habló de “una gran montaña de hierro” en la costa cantábrica, y, durante siglos, la metalurgia vizcaína ganó tanta fama que durante un tiempo en inglés se usó la palabra bilbo como sinónimo de algunos utensilios de hierro, como se ve en esta cita de Shakespeare en Hamlet: “I lay worse than the mutines in the bilboes” (“Me sentía peor que los amotinados entre cepos”). A finales del siglo XIX, numerosas empresas inglesas invirtieron millones de libras en las extracciones de los montes de Triano con la contratación de 12.000 obreros. Fue la mayor explotación de hierro del mundo. Pero el mineral no siempre tenía la calidad que los patrones exigían. Las mezclas del mineral eran mal pagadas, por lo que los días en que el hierro era de gran pureza el ingeniero inglés escribía en la entrada de la mina: “All Iron” (“hierro puro”). La paga entonces era doble, y los trabajadores, que padecían condiciones de vida realmente miserables, pasaban la noticia gritando y cantando, desbordados de alegría: “¡All iron!”, de donde surgió nuestra interjección alirón, y que empezó a emplearse en un nuevo deporte que, por esas mismas fechas, causaba furor entre los ingleses y los trabajadores de las minas vizcaínas: el fútbol. Desde entonces, en Bilbao, los títulos de su club, el Athletic, se celebran cantando el alirón, y así aparece en el himno que se escribió en 1913: “En España entera triunfa / la canción del ¡Alirón! / […] ¡Alirón! ¡Alirón! / Athletic es campeón. / [...] Y lo mismo en Indochina / que en Italia y el Japón / todos cantan las proezas / del Athletic campeón. / ¡Alirón! ¡Alirón! / Athletic es campeón”.
Deporte, educación y civismo son tres conceptos que hoy más que nunca no podemos ni debemos desunir.