Posteado por: josejuanmorcillo | Mayo 8, 2009

Tafefobia (8-5-09)

La crisis económica ofrece muchas caras y algunas de ellas no dejan de sorprendernos. Debido al desplome en el sector inmobiliario, un grupo de jóvenes en paro, en su mayoría diseñadores e interioristas, han decidido abandonar el mundanal ruido de la ciudad y trabajar en el campo como pastores. Pero no lo van a tener fácil, porque el anterior MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación) aprobó una resolución por la que se les obliga a matricularse en una Escuela de Pastores para que adquieran una adecuada formación teórica y práctica y puedan conseguir el correspondiente título oficial. Desde el Gobierno se apunta que el objetivo es dignificar y profesionalizar el oficio de pastor y garantizar el relevo generacional de las explotaciones ganaderas, la gestión sostenible de las fincas y la dinamización del sector para hacerlo viable económicamente. En la formación teórica, los alumnos aprenderán todo lo referente al mundo del pastoreo: el manejo del rebaño, el adiestramiento del perro pastor, la alimentación, educación medio ambiental,… Pero también deben saber aplicar medidas comerciales, analizar inversiones o incorporar nuevas tecnologías a la producción, además de un período de prácticas en alguna alquería. Está claro que quien quiera salir de la crisis debe volver a los pupitres. O no, porque otra forma de sobrellevar el bache económico es gastando unos ahorrillos en afeites, y no digo disparates, ya que, según cifras oficiales, ha aumentado en un 26% la venta de cosméticos, principalmente de pintalabios. Ya se ve que en nuestro país es bueno el dicho de que al mal tiempo, buena cara.

Mala cara, pero que muy mala, fue la que se les tuvo que quedar a los familiares de Yerenia Lández, una joven nicaragüense que fue declarada muerta, cuando vieron que, dentro de su ataúd, empezó a mover las manos y respirar con dificultad durante el velatorio. La chica padece una enfermedad cerebral congénita, y hace unas semanas los padres llevaron a su hija a un hospital público al observar que había dejado de moverse en su silla de ruedas. Allí certificaron su muerte, por lo que, cuando la vieron regresar viva tras el despertar, los médicos se quedaron alucinados con la aparición. Los pastores y campesinos de la comarca creen que lo que aconteció fue un milagro de Dios.

Hay gente que siente pánico de las alturas, de los sitios cerrados, de las arañas o de tener que volar, pero se comprueba que son cada vez más los que padecen un miedo irracional, no a morir, sino a la idea de ser enterrados vivos. Lo cierto es que, si nos paramos a pensarlo, debe ser espantoso despertar y comprobar que estás en un ataúd y dentro de un nicho o a varios metros bajo tierra. A este sufrimiento, a este pavor, se le llama tafefobia (del griego tafos `tumba, sepulcro´), y para vencerlo los hay que ya han diseñado su propio nicho con todo tipo de comodidades. Este es el caso de un pastor. Asegura que varias veces ha oído gritos que salían de los muros del cementerio cuando llevaba las ovejas a pastar, y es tal el pánico que ha cogido que gastará sus ahorros en construir un modesto panteón. Por si se despertara, instalará una conexión telefónica para avisar, y también un televisor y un frigorífico con comida para hacer más llevadera la espera mientras llega el sepulturero y tira abajo el mausoleo. Qué tipo más extraordinario. Yo lo nombraría Doctor Honoris Causa en la principal Escuela de Pastores de nuestro país.


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