Posteado por: josejuanmorcillo | Marzo 5, 2009

Así se las ponían (6-3-09)

Hay pocos hablantes que se pongan de acuerdo en el nombre del rey español que corresponde al dicho Así se las ponían a…; de hecho, me atrevería a afirmar que la imprudencia popular y, por qué no decirlo, la ignorancia han sido la causa de que casi todos los monarcas españoles de los últimos siglos hayan desfilado al final de esta locución, que, como sabemos, se emplea para referirse a las facilidades que alguien suele encontrar para conseguir un propósito. Diría incluso que ciertas elecciones se transmiten fielmente de generación en generación como si se tratara de un código genético-lingüístico inquebrantable e indisoluble. Esto sucedió en mi familia. Fue a mi abuelo al primero que oí el dicho Así se las ponían a Felipe II, y no me supo responder cuando le pedí que me explicara qué cosas le ponían al tal Felipe y qué hizo o dejó de hacer para que los de su camarilla fuesen tan pelotas con él. Durante mi juventud y adolescencia, hasta que me corrigieron el error, puse al Austria en letras de oro y molde al final del dicho, y ante los demás defendía esta opción no solo porque todos mis familiares así lo hacían, sino porque llegué a estar convencido de que aquel era el rey más real de todos pues bajo su mandato se logró acumular la mayor cantidad de posesiones territoriales jamás imaginadas. Cosas de críos.

Hay hablantes a los que les va más el rollo Borbón. En Madrid he escuchado Así se las ponían a Carlos IV, y un joven historiador me aseguró que el monarca del dicho era realmente este y me lo explicó con la teoría de que era tan desmedida su pasión por la caza y tan discreta su puntería que, cuando iba a la sierra madrileña a cazar, los de su corte le colocaban en los troncos de los árboles piezas ya cazadas. Según parece, en un solo año llegó a abatir más de tres mil piezas, incluido algún que otro súbdito que sacrificó su vida en tan noble labor.

Pero no es este el monarca. Aunque no han ido muy lejos, porque el único protagonista y origen de este dicho fue Fernando VII. A este Borbón le apodaron unos el Deseado y otros el Felón. Sea como fuere, lo cierto es que fue un rey introvertido, cobarde y aficionado a dobleces y falacias, con un sentido del humor algo desagradable y que delegaba a sus ministros los asuntos de Estado. Le apasionaba la gente, el bullicio, el pueblo llano. No fue un hombre atractivo, y castigaba su cuerpo obeso atiborrándolo de carne y fumando como un carretero; además, padecía una macrosomía genital, esto es, un gigantismo fálico, por lo que tuvieron que fabricarle una almohadilla con un agujero central para que, durante el acto sexual, el miembro real no penetrara demasiado e hiciera daño a la reina. Quizás para contrarrestar las carencias estéticas fue un hombre cultivado: leía mucho, le encantaban el teatro y la música, fue mecenas de artistas como Goya y mandó construir el Museo del Prado. Pero su gran pasión, además de los toros, era el billar, que practicaba con los de Palacio; éstos, para agradar al rey, solían fallar los golpes y colocaban las bolas en una situación óptima para que el soberano consiguiese hacer carambola. Y de ahí el dicho Así se las ponían a Fernando VII. Ya ven: en otras cosas no, pero en lo referente a tacos y bolas el monarca despachaba a gusto.


Respuestas

  1. Esta versión del billar y Fernando VII es la que yo creo que es la buena; se lo leí a Fernando Díaz Plaja creo recordar, en un libro suyo de anécdotas de la Historia, pero se utiliza más el dicho con Felipe II.

  2. Ciertamente, en todas las Casas Reales siempre ha habido quienes han tenido como oficio el agradar al monarca con parabienes y halagos. ¿Por qué no con Felipe II?
    Un saludo.


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