La arqueología, a veces, se viste de gala y nos ofrece hallazgos curiosos y sorprendentes. El último ha aparecido durante las excavaciones que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía dirige en el teatro romano de Cádiz, considerado el segundo más grande de Hispania, y se trata de una placa en la que se conserva un grafiti perfectamente legible -“Latro BE”- y que significa `Balbo, ladrón´. Ese tal al que se le acusa de ladrón fue Lucio Balbo el Menor, el promotor de la construcción del teatro allá por el siglo I antes de Cristo, y se sospecha que el autor del mensaje fue un obrero contratado para la obra al que no se le pagó o al que no le debía caer demasiado bien el señor Balbo. Si cambiásemos algunos nombres y fechas que acaban de leer por otros recientes y actuales –que un promotor de principios del siglo XXI deje de pagar a sus albañiles durante la ejecución de una obra-, veríamos que la historia de la humanidad, como una marea, nos trae a la orilla acontecimientos pasados y se convierten en presentes y reales.
La palabra latina latro es el origen del término castellano ladrón y de los cultismos latrocinio y latrocinar, este último ya muy poco usado. Aunque en el latín clásico se empleaba latro para referirse a un forajido o a un ladrón de cuadrilla, y que nos ha llegado hasta hoy con el significado de ladrón en general, se mantuvo durante un tiempo la acepción primitiva de `servidor, sirviente´ procedente de su étimo griego latría y que, por tanto, no era nada peyorativa; y es más: esta acepción aún se conserva en algunos apellidos españoles (Ladrón de Guevara se entendería como “Servidor” de Guevara). En el lenguaje de las germanías, esto es, en la jerga que usaban los pícaros y criminales, un ladrillo era un ladrón, pero no nos confundamos: el término ladrillo como material de construcción es el diminutivo del antiguo ladre, procedente del latín later.
De cualquier forma, fíjense cómo sin apenas proponérnoslo hemos unido de nuevo, y en épocas clásicas, el ladrillo con el ladrón. Pero si quieren que hagamos esta historia más cercana, les recordaré el caso de un empresario español de la construcción que, desesperado por la crisis, decidió pagar las deudas que le aguijoneaban atracando bancos. Pero como no tenía experiencia previa, decidió entrar en internet y conocer el modus operandi de El Solitario, aquel experto atracador de bancos que finalmente fue atrapado en Portugal. Ya con la lección aprendida, y parece ser que muy bien porque, al igual que su mentor, actuaba siempre solo y con tal meticulosidad que lograba despistar a los investigadores, este constructor de cincuenta y dos años cometió cuatro atracos y se hizo con un botín de 80.000 euros, pero en el quinto fue detenido por la Policía. Se declaró culpable y reconoció que lo hizo por la situación precaria de su empresa y para poder pagar a sus trabajadores y a los acreedores. Este caco-constructor no es como el promotor del teatro romano de Cádiz, ni mucho menos, e incluso lo vemos con cierta conmiseración por el aroma robinhoodiano de robar a los ricos que no quieren prestarte dinero para dárselo a los pobres, que no tienen para pagar los zapatos de sus hijos. Otra vez la historia se repite.
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Por: fussball el Marzo 3, 2009
a las 6:23 am
Danke sehr!!
Por: José Juan el Abril 15, 2009
a las 2:15 pm