Posteado por: josejuanmorcillo | Enero 2, 2009

¿Bianual o bienal? (2-1-09)

No piensen que para este primer artículo del año me voy a rebozar en los típicos tópicos de año nuevo y en las manoseadas palabras y felicitaciones de siempre. Porque no. Porque no quiero. Porque me cansan, porque creo que la celebración de la Nochevieja es una anestesia brevísima para olvidar la realidad a la que uno se enfrenta a partir de hoy mismo, una realidad pesada de crisis económicas, de fríos y mecánicos despertadores, de angustias y peleas, de crueldades y traiciones, de guerras y violencia familiar, de fútbol de domingo y de paseo social, tradicional y casposo, por las calles más céntricas y concurridas. Y esto aburre, como cualquier actividad repetitiva, como cualquier costumbre social y familiar, pero hemos de habituarnos a ello, como burros atados a la noria de nuestra existencia. Los que pueden romper las bridas lo hacen, y los que no, nos subimos a los lomos de estas festividades para cocear libremente.

No nos engañemos. Para la inmensa mayoría, el dicho de “Año nuevo, vida nueva” no es cierto, y lo sabemos. Sabemos que este año nuevo nos traerá una vida idéntica a la del anterior, con sorpresas y disgustos que superaremos, pero básicamente similar. A mí me gusta entrar en el nuevo año cumpliendo con dos ritos personales: comiendo cordero para hacer bueno, así, el refrán que reza “Cabrito el de marzo, cordero el de enero”, y entrar, además, con dos caras. Sí, reconozco que entro con la cara alegre y festiva celebrando no sé qué demonios, y a los pocos minutos me quito el disfraz y me enfundo el otro, el de todos los días, el que nos ponemos todos. Los antiguos romanos eran conscientes de ello, y adoraban al dios Jano, el bicéfalo de dos rostros opuestos, incluso más que a Júpiter porque a aquel lo consideraban el origen de todo, el portero del cielo (del latín ianua `puerta´); era la divinidad del umbral, de la entrada a otra vida, con dos caras distintas, la que ves al entrar y la que ves al salir, como las de una puerta, y, por ello, dedicaron el primer mes del año a esta divinidad (ianuarius `perteneciente a Jano´ > enero).

Ya han pasado muchos siglos desde aquello, y lo que muchos se encuentran en estos momentos delante de ellos no es una vida nueva sino un año que más parece una etapa ciclista de alta montaña por las cuestas que hay que subir. Antes, las cuestas eran bianuales (la de enero y la de setiembre); ahora son bienales, se prolongan a lo largo de dos años. No confundan términos: el DRAE nos recuerda que algo bianual es lo que se produce dos veces al año, y que lo bienal es lo que dura dos años o lo que acontece cada dos años. Los hay que celebran fiestas bianuales y los que se hunden en celebraciones bienales –que son los pocos-; ya no quedan besos bienales ni mucho menos eternos, lo que se lleva ahora son los bianuales y suelen coincidir con su fiesta correspondiente; los jóvenes han tomado por costumbre estudiar bianualmente, y bienalmente repiten curso, pero pasan al siguiente nivel de dificultad; con mucha fortuna, y sin contar la prensa del corazón ni los diarios deportivos, hoy la lectura no es más que un triste acontecimiento bianual, y gracias.

Se dice y con razón que casa con dos puertas mala es de guardar; la mía solo tiene una y sus dos caras son distintas aunque lustrosas, porque bianualmente me encargo de barnizarlas. Hay muchos que ni siquiera reconocen la suya.


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías