Posteado por: josejuanmorcillo | Noviembre 21, 2008

Verborrea (21-11-08)

Ayer me contaron unos amigos que estaban preocupados porque su hijo no había empezado a hablar aún a pesar de que está a punto de cumplir los dos años. Los tranquilicé –o al menos eso creo- poniéndoles el ejemplo de Einstein, que dijo su primera palabra con tres años, y recordándoles que la adquisición del lenguaje es la tarea intelectual más complicada que desarrolla el ser humano a lo largo de su existencia. Hay niños que prefieren callar por timidez o por pánico, otros balbucean incansablemente, y también los hay que experimentan muy tempranamente articulando sílabas sencillas y palabras básicas (como “agua”, “pan”, papá” o “mamá”). Y luego, como suele ocurrir, a muchas de esas criaturas, ya creciditas y hermosotas, les salen las palabras por los codos y hay que pedirles que se callen. Yo aún no salgo de mi asombro por lo que le sucedió a una mujer de la ciudad alemana de Espira. Un amigo fue a visitarla para explicarle sus problemas personales, y al principio todo era normal; la señora lo escuchaba, apoyaba y aconsejaba. Pero pronto se dio cuenta de que el hombre no paraba de hablar; ella no dudó en servirle bebidas alcohólicas para que le entrase el sueño, pero ni por esas. Tras treinta interminables horas de verborrea, la desesperada mujer decidió llamar a los servicios de emergencia para que la rescataran; mandaron a una ambulancia, pero los sanitarios se negaron a llevarse a su amigo porque no encontraron patología alguna para trasladarlo a un hospital, así que la sufrida oyente telefoneó a la policía y los agentes se llevaron al pesado amigo y lo dejaron en su domicilio. Seguro que la próxima vez se pensará muy bien a quién abre la puerta de su casa. Razón lleva el refranero español cuando recuerda que la confianza da asco.

Tras rebuscar en distintos corpus compruebo que el término verborrea es muy reciente. La primera documentación la encontramos en Unamuno, en una carta que escribió en 1910 al poeta sevillano Felipe Cortines Murube y en la que define la poesía española de entonces como “difusa y poco concentrada” y caracterizada por una “fofa verborrea zorrilesca”. La terminación –r(r)ea significa `flujo, acción de manar´, y proviene del verbo griego rhein (`manar´). Siempre se emplea en contextos negativos, generalmente médicos para nombrar ciertas patologías o trastornos relacionados con la salud. Por ello, se habla de seborrea (del latín sebum `grasa, sebo´) cuando el enfermo padece una secreción excesiva de las glándulas sebáceas de la piel; del griego menós (`mes´) se creó la palabra menorrea, que es la menstruación excesiva que sufren muchas mujeres. En el Libro que trata de la enfermedad de las bubas, escrito por Pedro de Torres y publicado en 1600, se habla por vez primera de la gonorrea (del griego gonis `semen´), enfermedad de transmisión sexual que hoy es también llamada blenorrea (del griego blenos `mucosidad´).

El DRAE define escuetamente la verborrea como una `verbosidad excesiva´. No está tipificado como enfermedad, incluso para los jóvenes es una técnica de ligoteo, pero en psiquiatría se usa cuando los pacientes mentales emplean la palabrería para evitar o salir de las preguntas que les realiza el médico. Lo que yo creo es que no todo verborreísta tiene que ser paciente de un hospital psiquiátrico; los hay también que son expertos en convencer a un auditorio articulando durante cierto tiempo palabras campanudas y huecas.


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías