José Juan Morcillo Pérez (Artículos sobre la lengua española)

El calor del establo (4-7-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Julio 3rd, 2008

Mucho se ha escrito y hablado de la Copa de Europa que la selección española de fútbol acaba de ganar. No se ha puesto en duda en ningún momento la calidad técnica de los jugadores, su juventud y su hambre de triunfo; pero sí circula unánimemente un comentario por todos los medios de comunicación que suscribe la mayoría de los españolitos de a pie: la principal causa de este éxito deportivo ha sido la magnífica sintonía y el ambiente de unión y amistad que se ha palpado entre los futbolistas españoles. Decía mi abuela que todo se pega menos la hermosura, y no le faltaba razón porque el país entero se sentía contagiado por ese mismo espíritu de alegría y de júbilo; todos parecíamos iguales, idénticos, arrastrados por un entusiasmo embriagador y adictivo que nos hizo olvidar por unos días la subida de la gasolina, de la hipoteca y del IPC. Ha sido como regresar a la época en que ciertos emperadores de Roma, como Julio César o Aureliano, para ocultar al pueblo las graves crisis políticas, militares y económicas, regalaban a la intranquila plebe trigo y entradas al circo para asistir a las carreras de cuadrigas, y así hicieron bueno el lema que inmortalizó el poeta Juvenal en una de sus sátiras: Panem et circenses (`Pan y juegos circenses´).
Hace unos dos años me sorprendió el saber que, en EE UU, el autor más vendido durante unas semanas fue Baltasar Gracián, y por motivos políticos y electorales. La razón es clara, porque subraya nuestro escritor barroco que para ganarse al pueblo no hay que dirigirse a la minoría intelectual y pensante, sino contentar de algún modo a la mayoría social, a esa masa social compuesta sobre todo de analfabetos y pobres y que padece la presión asfixiante de una mala gestión económica y social por parte del gobierno establecido. La idea fundamental que sobresale es la de tratar al pueblo como un rebaño de ovejas para que no analice demasiado la realidad y ser, así, dirigido y gobernado con docilidad y mansedumbre. La voz latina para “rebaño” es grex, de donde fueron surgiendo numerosas palabras en nuestra lengua como grey, empleada en el ámbito eclesiástico para aludir al “rebaño” de la Iglesia. Aquellos pastores romanos, que fueron retratados bucólicamente en una Arcadia idílica, hablaban de agregar cuando añadían un animal a su rebaño; si lo separaban por bien de la manada, lo segregaban; si el rebaño se dispersaba, se disgregaba; y cuando lo reunían para volver a la majada, lo congregaban.
Estos verbos, que son tan comunes y aplicables entre los hombres, se empleaban para el ganado, y no debemos estar muy lejos de nuestros domesticados pesuñosos, principalmente cuando el hombre se define a sí mismo como gregario por su carácter obligadamente social y comunitario. A la hora de hablar de la irracionalidad del gregarismo humano ejemplificado en el fenómeno hincha, un periodista tuvo el acierto de destacar la definición que sobre ello nos legó Nietzsche. Este despreciaba el hecho de que los humanos se dejasen empujar irracionalmente por un fervor tan apasionado que les hiciese actuar y pensar de manera idéntica y mansa, como un rebaño de ovejas manejado por un perro que cumple las órdenes del pastor; a ese ardor popular, a esa excitación enloquecedora e inevitable la definía el filósofo alemán como “el calor del establo”. A pesar de los años transcurridos, la domesticación de masas sigue siendo una útil herramienta política.

Junio (27-6-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Junio 26th, 2008

Calor, canícula implacable; calor tórrido, díptero pegajoso que se te posa durante la noche y te aguijonea durante el día; verano cruel e hiriente… Recuerdo a un amigo francés que me comentó que lo peor de esta época no eran las altas temperaturas, sino las moscas, las moscas estivales, incómoda criatura engendrada en el calor y capaz de volver a uno loco. “Te recuerdo que muchas guerras y revoluciones estallaron en época estival, y seguro que las moscas tuvieron parte de culpa”. Es posible, le respondí, sobre todo si el militar amotinado era propenso a las insolaciones. El calor es eso, como una mosca insoportable que desespera y trastorna porque difícilmente puedes librarte de ella.
Doña Rosa, mi vecina, me aconseja que para deshacerme de las moscas lo mejor es untarme los brazos y piernas con zumo de limón, y por la noche, para que no entren los mosquitos, una planta de albahaca en la ventana. Ella dice que nunca la han incomodado, que ese no es su problema, que de lo que sufre en esta época y que la lleva por el camino de la amargura son las jaquecas. “Me da un dolor insoportable en este lado de la cabeza, y no puedo abrir los ojos”. Lleva el pelo recogido como si con ello lograse acobardar al dolor, y me pregunta qué es peor, si las jaquecas o las migrañas, y yo le aclaro que es lo mismo pero con distinto nombre; que es como decir “oliva” o “aceituna”, que una es palabra latina y la otra, árabe. Para tranquilizarla, le explico que muchos sufren de lo mismo, y que desde antiguo se ha escrito sobre este mal. Los árabes lo llamaban saqiqa (`partido en dos´), y este término evolucionó en el siglo XV a xaqueca; los griegos y romanos lo denominaban hemicrania (`en medio de la cabeza´), y, con el paso de los siglos, derivó al término actual migraña.
Este sexto mes del año, cuyo nombre es en honor de la diosa romana Juno, suele ser odioso para muchas personas ya que deben aclimatarse a temperaturas propias ya del verano. El cambio de presión atmosférica o las bolsas de calor sahariano que entran por el sur de la Península Ibérica son letales para niños y ancianos si no se toman las medidas de prevención adecuadas. No sé si tendrá un aval científico o si se basa en meras estadísticas, pero oí que las mujeres sufren más que los hombres este cambio estacional. Quizás sea esta la razón de que los romanos llamaran a este mes con el nombre de la diosa de la maternidad, que era, además, protectora de las mujeres y del Estado. Según cuenta algún escritor de la época, alrededor del templo romano de Juno, en el monte Capitolio, vivían unas ocas que avisaron con sus graznidos de un ataque invasor. En agradecimiento por ello, a la diosa se le puso el sobrenombre de Moneta (`la que avisa´), y, como su templo estaba ubicado al lado de la ceca en la que se fundían los denarios, las monedas adoptaron este nombre.
Dice doña Rosa que, cuando era profesora, sus migrañas se apaciguaban levemente cuando comprobaba que, a finales de junio, le habían ingresado la paga extra del verano. “Entonces íbamos a la montaña, huyendo del calor y de los rayos del sol; lo de la playa no se estilaba”. Y cierra por un momento sus ojos, después de haber bebido un poco de su té frío, y juega con su collar del que cuelgan tres monedas de plata antiguas con la imagen de una diosa de perfil y por cuya nuca caen los extremos de la cinta con la que lleva el pelo recogido.

Arrieros y piquetes (20-6-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Junio 20th, 2008

Ahora que la huelga de los transportistas ha llegado aparentemente a su fin, muchos creen que sus quejas han sido justificadas ya que deben soportar duras condiciones de trabajo y abusivas subidas de precios en impuestos, multas y combustibles; otros, por el contrario, sostienen que la huelga es una manifestación más del carácter hosco e intimidatorio de estos trabajadores, lo que quedó de manifiesto en la actitud de algunos piquetes mal llamados “informativos”, porque ciertamente han sido amenazantes y violentos. Esto tampoco nos debería sorprender, porque el término piquete, con el sentido de un grupo de personas elegidas para desempeñar una misión o encargo, se empezó a emplear en nuestra lengua a mediados del siglo XVIII en el campo semántico bélico para referirse a los soldados que eran escogidos dentro de su compañía con el fin de llevar a cabo una misión especial y generalmente arriesgada; será bien entrado el siglo XX cuando se emplee en el ámbito obrero y sindical para nombrar a los trabajadores en huelga dispuestos a informar de sus reivindicaciones al resto de compañeros.
Pero en lo que quisiera focalizar la atención no es en la tradición piquetera de nuestro país, sino en el mal uso que se hace de la palabra. Hace poco oí en los medios que en la entrada de cierto polígono industrial había “casi cien piquetes informativos impidiendo el paso de los camiones”, y, aunque hay ciertas cuentas que son muy arriesgadas, llegué a calcular que habría unos mil quinientos manifestantes si pensamos que cada piquete está constituido –más o menos- por unos quince trabajadores. Al ver las imágenes comprobé que tan solo había unas cuantas docenas de informadores. Un piquete no es una persona, no es un huelguista en este caso, sino un conjunto de individuos que perfectamente podríamos llamar “piqueteros”. Varios piqueteros forman un piquete. Este error suena tan mal que es como si yo les dijese que a un simposio internacional asistieron “cien congresos” en vez de “cien congresistas”.
En todo caso, nuestros transportistas han estado casi en pie de guerra y, pese a quien le pese, quiero desde aquí romper una lanza por ellos porque creo que debemos defender una de las profesiones más necesarias y antiguas del mundo, y no me malinterpreten. Hace unos siglos, en la época de Cervantes, los transportistas eran los arrieros, que cargaban su recua de mulos con todo tipo de mercancías. Se les llamaba así porque espoleaban a las bestias con un estentóreo “¡arre!”, de donde también se creó el verbo arrear. Era una profesión aquella muy valorada, tanto que los arrieros hacían incluso de carteros -Santa Teresa de Jesús elogió su dedicación en varias ocasiones-; pero lo que menos agradaba de ellos era su mal genio y su carácter violento, como muy bien refleja Cervantes en algunos capítulos de El Quijote o como podemos comprobar en el refranero, nuestra magnífica enciclopedia de sabiduría popular: “Burros a coces, arrieros a palos y voces”.
Aquellos arrieros recorrían los desangelados caminos de España entonando cancioncillas populares; aquellos caminos polvorientos son hoy de asfalto, y los mulos son caballos de potencia que consumen mucho dinero. Es verdad que entonces no había huelgas sindicales, pero los arrieros de antaño, como los de hoy, también sabían de sufrimiento cuando tendían sus ojos cansados de leguas y soledad bajo la sombra de una encina. Acaso alguno de ellos creyó ver en sueños la figura esmirriada de un hidalgo cabalgando solo y vencido de melancolía.

Miembras (13-6-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Junio 12th, 2008

Esta semana les quería hablar sobre los transportistas y los piquetes, y en concreto de esos que erróneamente se llaman “informativos”, pero miren por dónde que de manera inesperada nos saltó la liebre en Madrid y desde los micrófonos del Congreso. Así que, si les parece, dejaremos a los huelguistas para otro momento y nos centraremos en el gazapo ministerial.
Como todos sabemos, la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ha anunciado esta semana la puesta en marcha de un teléfono de información exclusivo para maltratadores “que les ayude a canalizar su agresividad, en vez de recurrir a la violencia”. Esta medida ha recibido numerosas críticas desde los partidos de la oposición, y, de hecho, han insistido en que se deberían revisar algunas medidas bastante problemáticas, como la de que si un hombre insulta a una mujer es un delito, y si es al contrario hablamos de falta.
Pero entremos en harina idiomática, que es lo que nos compete. A lo largo de su comparecencia en el Congreso, que ha sido la primera en su incierta carrera ministerial, alabó los esfuerzos de la Comisión de Igualdad y el empeño demostrado por sus “miembros y miembras”. A mí lo de la “miembra” me suena algo escatológico, no les voy a engañar, y cuando oí este disparate me acordé de la intervención de Carmen Romero, la mujer de Felipe González, en la que dejó caer aquello de “jóvenes y jóvenas”; así pues, lo que aterra no es la impropiedad lingüística, sino la moda idiomática establecida desde hace algo más de una década y que se basa en la idea descabellada de que nuestra lengua es sexista porque se emplea el género masculino para designar a una totalidad en la que hay seres de ambos sexos. Yo sé perfectamente que esto es predicar en el desierto, pero a ver si tomamos conciencia de que una cosa es el género morfológico y otra el sexo de los hablantes, y a veces no coinciden y no tienen por qué coincidir. Cuando hablamos, por ejemplo, de “los asistentes” a un concierto, usamos el género masculino porque hay espectadores y espectadoras, pero con ello no estamos quedando como machistas, y, por supuesto, es una pérdida de tiempo y esfuerzo idiomático el tener que emplear los dos géneros y decir, así, “los asistentes y asistentas”. Permítanme reproducirles las palabras textuales que en una ocasión extraje del discurso de un político, y fíjense porque, ahora que tanto se insiste en el bajo nivel lingüístico de nuestros alumnos, como redacción escolar merecería un suspenso: “Todas las alcaldesas y alcaldes, con sus respectivas concejalas y concejales, han mostrado un gran interés por todas las ciudadanas y ciudadanos de nuestra ciudad”. Afortunadamente no continuó, porque no dudo de que habría hablado de los niños y niñas que pasean a sus perros y perras junto a sus abuelos y abuelas en las cálidas tardes primaverales en las que entre los árboles cantan los pájaros y pájaras.
Como no hay peor osadía que la del ignorante, la Ministra, incluso, se atrevió a defender el uso del término y su inclusión en el DRAE. Los académicos ya han respondido que ni por asomo sucederá eso, y la razón es muy sencilla: la lengua no es una ciudad sin ley, es un sistema en el que cada uno tiene derecho de expresarse como guste, pero teniendo en cuenta que hay ciertos atrevimientos y licencias que no pueden pasarse por alto.

A la chita callando (6-6-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Junio 5th, 2008

Suele decirse que el hombre, haciendo gala de su acostumbrado inconformismo, echa de menos aquello que ya no tiene y que sabe que no tendrá jamás. Muchos, incluso, se lamentan de no haber valorado antes con más pasión lo que definitivamente han perdido. Lo vemos en nuestros hijos, que crecen con tanta rapidez que un día descubrimos que ya no son esos encantadores niños a los que vestíamos a nuestro gusto y a los que podías llevar a cualquier sitio, que se van independizando a la par que rechazan nuestros besos y abrazos, y entonces lamentas no haberlos mimado y besado más.

Yo soy uno de estos inconformistas a los que les encantaría volver al pasado para disfrutar de nuevo de momentos inolvidables, cálidos para el alma, regresar a ellos para sentirlos, si acaso, por última vez. Para disfrutar, por ejemplo, de aquellas veraniegas sobremesas de sábado en las que pasábamos las digestiones de ensaladilla y sandía cobijados en el salón de casa, huyendo de un calor insufrible y nocivo, atentos a la película que la televisión emitía después del telediario. Solían ser películas de aventuras, o de indios y vaqueros en aquel oeste americano tan caluroso y soleado como nuestro agostado país. Las que más me gustaban eran las de Tarzán; me fascinaba verlo subiendo a los árboles con una agilidad impropia de un ser humano, saltando temerariamente a un vacío en el que siempre había una liana, y nadando velozmente, a cámara rápida. Era tanta mi fascinación por él que, al terminar de ver sus películas, procuraba imitarlo, aunque me desanimé el día en que en el intento me llevé un par de piezas dentales y algún que otro hueso roto. Con todo, siempre hubo un asunto que me resultaba un misterio insondable, y era la comunicación que establecía con los animales de la selva cuando ahuecaba las manos a ambos lados de la boca y emitía aquel grito mezcla de éxtasis, dolor y rabia; sin embargo, a Chita, el chimpancé, no le gritaba; le hablaba, y empleando unas palabras que solo ellos dos conocían y que Jane no tardó en aprender, me imagino que para no sentirse desplazada.

Bueno, pues fíjense por dónde que Tarzán fue un pionero en la investigación neurobiológica del lenguaje, porque se acaba de descubrir que los chimpancés y los seres humanos utilizan la misma región cerebral para comunicarse verbal o gestualmente, lo que confirma que tanto ellos como nosotros compartimos un antepasado común que vivió –se cree- hace unos siete millones de años. El hallazgo se basa en una serie de experimentos realizados en el Centro Nacional de Investigación de Primates de Yerkes, en Atlanta (EEUU), en los que se comprobó mediante un PET que, cuando los chimpancés gesticulaban y vocalizaban sonidos para pedir comida, se les activaba un área del hemisferio izquierdo del cerebro que es la relacionada con el lenguaje humano. La conclusión definitiva a la que llegaron los investigadores fue que estos primates tienen un cerebro con la misma plasticidad que el humano, y esto hace que esté perfectamente preparado para el lenguaje y para el desarrollo de ciertos signos de comunicación.

Después de esto estoy por sacar del videoclub todas las películas de Tarzán y anotar las palabras que este le dirige a Chita. Quién sabe, quizás pertenezcan a una lengua pretérita y perdida en la neblina de los tiempos, una lengua que supuso el eslabón cultural entre dos especies, entre dos seres que son uno.

Lapsus (30-5-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Mayo 29th, 2008

Cuando era adolescente y nos reuníamos el grupo de amigos y de amigas en casa de alguien o en una excursión de verano, en aquellos breves años en que sentíamos que el tonteo era casi inevitable, primitiva e inexplicablemente genético, consecuencia de algo poderoso y enérgico que fluía dentro de nosotros, solíamos jugar a adivinar un personaje famoso mediante preguntas que racionalmente no guardaban ninguna relación con él. Recuerdo una ocasión en que me tocó a mí responder, y pensé en Maradona, mi ídolo deportivo; cuando la lluvia de preguntas comenzó, respondía lo primero que me venía a la mente. “Si fuese una ciudad, ¿cuál sería?”. “Buenos Aires”. “¿Y si fuese un monumento?”. “El Coliseo”. “¿Y si fuese un animal?”. “Un león”. Para mí, Maradona era la quintaesencia argentina, sabor y aroma bonaerense; era un genio único e irrepetible, grandioso, historia viva, y que será admirado a través de los tiempos, como el Coliseo; y su sola presencia en el campo, con su técnica y su visión de juego, imponía al contrario admiración y respeto, como un león recorriendo la sabana.
Sin darnos cuenta, con aquel juego poníamos en práctica un ejercicio de retórica nada fácil, porque entre un término real –Maradona- y varios irreales –Buenos Aires, Coliseo, león- se establecía una conexión ilógica y exclusivamente emocional; sólo a través de lo irracional y de lo emotivo podríamos adivinar la solución. Algo parecido es lo que sucede con los lapsus línguae, locución latina que etimológicamente significa `error de la lengua´ y que se emplea para aludir a los errores involuntarios en los que se incurre al hablar; pero son eso, errores involuntarios, malas pasadas que te juega la mente en un momento determinado y por cuestiones generalmente emocionales. A mí me sucedió el otro día. Me encontré por la calle a un matrimonio amigo que acababa de tener un hijo; el bebé iba dentro del carrito, y, cuando le estaba haciendo carantoñas, lo llamé inconscientemente con el nombre de mi hijo, porque entre él y el recién nacido establecí una relación emocional basada en los sentimientos que sentía cuando mi hijo contaba apenas unos meses de vida. No hace mucho me contó un amigo que, mientras daba un masaje a su mujer, esta lo llamó por el nombre de un amigo del trabajo; como comprenderán, no quise entrar a analizarle las posibles conexiones emocionales que en la mente de ella se crearon en un momento tan relajado e íntimo. Hay charcos en los que es mejor no entrar.
Junto al lapsus línguae hay otra locución latina menos frecuente –lapsus cálami (`error de pluma´)- que se usa para aludir a los errores mecánicos que se producen a la hora de escribir. En latín, lapsus significa `deslizamiento, caída´, de donde provienen lapso o colapso, término este último que se emplea con el sentido de hundimiento o destrucción total de alguna edificación o institución. También de lapsus han derivado dos palabras: lábil, que apunta a todo aquello que se resbala fácilmente o que es frágil e inestable; y lava, que es el conjunto de materiales incandescentes que, al salir del volcán, se desliza y forma arroyos encendidos.
Los lapsus son frecuentes a la hora de hablar, y, como se imaginan, pueden resultar muy interesantes e inquietantes según sea la naturaleza del resbalón y el contexto en que se diga. Desentrañarlos puede resultarnos, incluso, un interesante juego de agudeza e intuición.

Perrea, perrea (23-5-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Mayo 22nd, 2008

Históricamente, Europa se vestía de gala en actos solemnes como la coronación de un rey o de un emperador, o la victoria militar lograda contra un invasor, o la celebración del fin de una guerra. Ahora las galas nos las ponemos para conmemorar algunos acontecimientos pasados, para homenajear a intelectuales sobresalientes en sus respectivos ámbitos o para asistir a macroespectáculos deportivos y musicales.
Mañana se celebra el festival de Eurovisión, el mayor certamen de la canción de Europa desde hace pocas décadas. En sus comienzos gozó de tal prestigio que catapultaba al vencedor al olimpo de las estrellas musicales; pero hoy, ¡ay!, hoy no es ni la sombra de lo que fue entre otros motivos porque las canciones presentadas a concurso están muy alejadas del gusto musical del momento. Por ello, los organizadores de este evento se afanan por mantener el interés presentando tristes marionetas que esconden ventrílocuos fracasados, jóvenes salientes de algún concurso televisivo con la lengua sedienta de fama y dinero, y lamentables pseudocantantes histriónicos, en ocasiones con pocas o nulas cualidades musicales, por aquello del atractivo que hoy despierta entre muchos lo cutre y lo friqui.
Hasta aquí bien, qué se le va a hacer si sobre gustos no hay nada escrito. Lo que me preocupa, y muy seriamente, es lo que ha sucedido en la sede del Instituto Cervantes de Belgrado, ciudad que acoge el Festival de Eurovisión. Allí se presentó, entre risas y aplausos, Rodolfo Chikilicuatre, nuestro representante nacional, para impartir una clase a los alumnos sobre algunas palabras de su canción “Baila el Chiki-Chiki” que, según él, no aparecen en los diccionarios. Entre sus frases magistrales recogidas por las agencias de prensa destaco la siguiente: “Todos vosotros no habéis estudiado las palabras brikindans ni crusaíto; a maiquelyason sí que lo habéis visto entre rejas y de robocó habréis visto la película”. Tras estas palabras, y entre aplausos y ovaciones de los alumnos serbios, se le preguntó sobre el significado de perrea, que es un término que se repite mucho en su canción, y aclaró que “estar perreando quiere decir estar todo el día tirado en el sofá sin hacer nada, y también moverse arrimado en un baile”. Los jóvenes belgradenses no quisieron perder la oportunidad de aprender más sobre la cultura española, así que le preguntaron al profesor-cantante sobre España, y este les respondió: “Es un país como Italia, pero más ancho”. El éxtasis intelectual alcanzado en tan sólo quince minutos arrastró al docente a trastear su guitarrica de plástico, a la que ha llamado Luciana y que es casi idéntica a esas que te tocan en las tómbolas de la feria y que al entregártela se te pone cara de imbécil. Las notas musicales interpretadas en tan solemne lugar animaron a dos bailarinas que siempre van con él a moverse absurda y desacompasadamente, y, terminado el baile, una de ellas, que responde al nombre de Gráfica, definió el Guernica de Picasso como un “grafiti muy original”.
A mí me apena observar el incesante desfile de máscaras y de cutres que las grandes empresas audiovisuales presentan durante unos meses convertidos en víctimas, en diana de burlas y escarnios, con el único fin de hacer caja. Pero me causa estupor que una entidad cultural de la talla del Instituto Cervantes, creada bajo la supervisión del Ministerio de Educación, sea el escenario de semejantes números circenses.

Desolado (16-5-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Mayo 15th, 2008

Recuerdo que decían los ancianos de mi pueblo que el hombre es la criatura más estúpida porque, cuando no tiene problemas, le falta tiempo para buscárselos. Nunca les ha faltado razón y, si hiciéramos un rápido examen de conciencia, comprobaríamos que casi siempre son la monotonía y la ausencia de preocupaciones serias los causantes de que estemos continuamente entrando en las estancias de nuestra mente para deshacerlas y para recomponerlas poco después. Nos complicamos la vida porque nos da la gana, y no somos conscientes de que viviríamos más años y mejor si abandonásemos esta actitud.
Este mismo mal, pero desde una perspectiva lingüística, padecen muchos que se dedican a la información y opinión. Esta semana nos ha llegado la trágica noticia del terremoto sufrido en algunas provincias del sur de China y que ha sembrado de cadáveres las calles de numerosas ciudades. Con respecto a ello, leo en un titular: “Un terremoto asola el sudoeste de China y deja miles de muertos”. En nuestra lengua hay dos verbos que se escriben igual –asolar- pero que son distintos porque proceden de étimos diferentes. Del término sol ha derivado asolar con el significado de `secar, agostar´; así, entendemos frases como: “La política hidráulica del Gobierno pretende luchar contra la sequía que asola España”. Por el contrario, el mismo verbo se ha formado a partir del sustantivo suelo, por lo que, aquí, asolar significa `destruir completamente un lugar´. Ahora bien, la diferencia entre ambos no sólo es semántica sino gráfica, porque, en el segundo caso, la o del verbo debe diptongar en ue si es tónica. Por ello, el titular que antes les he escrito debería rezar de la siguiente forma: “Un terremoto asuela el sudoeste de China y deja miles de muertos”; y, por ello también, es correcta la frase “Un huracán ha asolado el sur de Birmania”, porque la o del verbo no es tónica y no diptonga. Esta impropiedad la podemos certificar también en el habla coloquial y vulgar de aquellos que dicen frega o apreto en lugar de friega y aprieto; e, incluso, si agudizan el oído, comprobarán que casi nadie, al despedirse, pronuncia correctamente Hasta luego, sino que lo que oímos es algo muy cercano a Hasta logo. En fin, que ya ven que a los españolitos no nos gusta demasiado diptongar, y que tiramos por lo simple y cómodo, por la monoptongación.
También relacionada con la noticia que antes he mencionado es la frase que he escuchado de un corresponsal destinado a China. Según él, tras el movimiento sísmico, las calles “permanecieron desérticas por miedo a nuevas sacudidas”. Supongo que lo que quiso decir fue que las calles permanecieron desiertas, esto es, vacías, sin un alma, porque lo desértico es lo que tiene la apariencia de un desierto, con sus dunas interminables, con su raquítica y asolada vegetación y con sus escasos y siempre enigmáticos oasis, y, claro, no creo que tras el terremoto surgieran del subsuelo chino toneladas de arena fina y ardiente bajo un sol inclemente.
Asoladas han quedado varias ciudades del milenario país asiático, desiertas y desérticas siguen las mentes de algunos informadores, y desolado continúo yo ante la incesante colección de improperios y solecismos que nos llueven de cualquier lado. Pero para eso estamos aquí, para que nos oigan, aunque uno sobrelleve a duras penas la eterna sensación de que predica en el desierto.

En metálico (9-5-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Mayo 8th, 2008

Hoy he rescatado de mi biblioteca un libro recopilatorio de los mejores pintores paisajísticos de la Holanda del XVII, y me ha chocado encontrar un cuadro de Ruysdael en el que aparecen representado, por un lado, un abnegado comerciante con una bolsa de monedas entre sus manos, y, por otro, dos recaudadores de impuestos, orondos y felices, tomando nota de la cantidad que están a punto de recibir y dando por satisfecha la deuda pendiente. No sé muy bien qué pinta este cuadro dentro de la antología de paisajes neerlandeses porque toda la escena se desarrolla en un interior, en una habitación aparentemente poco soleada, pero es posible que se incluyera con el fin de mostrar que tan real puede ser la representación de un recaudador de impuestos –la Holanda del siglo XVII llegó a ser el país más rico de Europa- como un canal holandés acariciado por la luz tenue de la última hora de la tarde.
Una escena recaudatoria parecida la estamos empezando a padecer millones de españoles, aunque, eso sí, no entregando a un alcabalero una bolsa de cuero con monedas de oro y plata. Nuestra cita con el Erario es tan remota como el origen de este término. En latín, aes, aeris se utilizaba para designar el bronce, el cobre y cualquier otro metal que no fuera ni el oro ni la plata, razón por la cual no tardó en emplearse con el significado de ‘dinero’; y es curioso cómo el español ha mantenido la tradición de no separar estos dos conceptos –dinero y metal- en frases como “pagar en metálico” cuando lo hacemos al contado y en efectivo. Como en el Imperio romano no había bancos, tanto el oro como las joyas se guardaban en cofres de seguridad hechos en bronce, y por ello se les puso el nombre de aerarium, y esta denominación se aplicó enseguida para referirse al Tesoro público. Tanto entonces como en la actualidad, el Erario es el Tesoro del Estado, así que resulta innecesario y redundante hablar de “Erario público” porque siempre lo es.
Sea en el pasado o en el presente, la imagen que se ha mantenido de un recaudador es la de un parásito que te quita lo que con tanto esfuerzo y sudor te ha costado ganar. Estos tesoreros se suelen representar en nuestra mente rollizos y satisfechos, como lo hizo Ruysdael en el cuadro que les he comentado antes, pero creo que casi siempre nos los hemos imaginado delgaduchos, pálidos y ligeramente encorvados, sedientos de lo que con tantas triquiñuelas y trampas no nos queremos desprender. Desde un punto de vista histórico y etimológico, pocas veces resultan tan inquietantemente relacionadas dos palabras como estas, “erario” y “parásito”. Dentro de la administración pública de la Antigua Grecia se había creado un alto cargo cuya misión era la de controlar toda la cosecha de cereal, la elaboración del pan y la de supervisar los banquetes celebrados en honor de los dioses. Por este motivo, a este alto funcionario se le llamaba parásito (formado por el prefijo para- `junto a´ y sitos `trigo´), y, por sus méritos profesionales y gustos culinarios, gozaba de un gran prestigio social; tanto es así que el término pasó a emplearse como sinónimo de huésped o invitado a una fiesta o banquete.
Que en los tiempos que corren se diga que un parásito es un funcionario puede ofender, pero quizás también haga sonrojar a más de uno, y no precisamente porque se haya dado un atracón de bollos y pan.

Cultivación (2-5-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Abril 30th, 2008

            Sería injusto si afirmara que es exclusiva de los medios de comunicación la tendencia empalagosa a emplear términos semánticamente inapropiados pero que resultan atractivos por su sonoridad o extensión. Es el caso del hablante que, consciente de sus limitaciones lingüísticas y culturales, utiliza innecesariamente palabras más rimbombantes con el fin de dar una impresión lingüísticamente más positiva al público que lo oye o lee, cuando lo que se consigue es precisamente todo lo contrario. La moda más habitual es la del alargamiento de la palabra, que, aunque se suele efectuar cumpliendo con las normas morfológicas, se antoja inútil por existir ya otro término en nuestra lengua. Me viene ahora a la mente la palabra peligro, que parece ya poco atractiva, demasiado simple quizás, y ahora se opta por usar peligrosidad; pero son muchos más los ejemplos que podríamos traer aquí, y entre ellos algunos que son incorrectos. Así, hoy en día, por ser más aparentes y pomposas y porque suenan más cultas, se opta por ejemplificador, agasajamiento, comparecimiento o potencializar –palabras creadas inútilmente, que no están admitidas por el DRAE y que, por tanto, son incorrectas- en lugar de ejemplar, agasajo, comparecencia o potenciar.

            Sin embargo, algunos vocablos ya se han admitido debido a su uso masivo por parte de los medios y, consecuentemente, de los ciudadanos. Ya he apuntado en alguna ocasión que, ante el analfabetismo pasivo de millones de hablantes que se pasan las horas frente a la pantalla del televisor, los seudoperiodistas se convierten en sus modelos idiomáticos, y, como el nivel lingüístico de estos suele estar por debajo de la media, el desastre está servido, y en bandeja de plata. Esto ha ocurrido con la palabra agudizamiento, que se creó sin necesidad porque ya existían otras, agudización o agudeza; durante años deambuló como un término incorrecto, sin rumbo ni concierto, pero ahora es el preferido por casi todos y la Academia ha optado por aceptarla: actualmente ya sólo se oye hablar del agudizamiento de la crisis económica o de las relaciones tensas entre varios países.

            Los medios audiovisuales son un estupendo escaparate al que asomarse para pulsar las más recientes tentativas en el ámbito de nuestro idioma. El otro día escuchaba un debate sobre la atención sanitaria que recibimos los españoles en los centros de salud y en los complejos hospitalarios, y comentaban los contertulios que, a pesar de nuestra bonanza económica, damos el perfil de un país tercermundista cuando se ven las imágenes de decenas de pacientes aparcados en los pasillos de los hospitales con sus goteros a cuestas y siendo aseados y recibiendo sus curas tras una simple y rudimentaria cortinilla de tela. Uno de ellos ofreció las cifras de lo que él llamó “las camas funcionantes” que debe haber en un hospital; me imaginé que quería referirse a las camas hábiles que deben existir, porque lo de “funcionantes” me sonaba a todo menos saludable. Pero el temblor me llegó cuando, más tarde, arrastrado por su protagonismo radiofónico, el susodicho defendió la cultivación –no el cultivo- del cannabis para fines terapéuticos. La directora del programa, supongo que espantada por el arrojo lingüístico del colaborador, decidió restarle minutos de intervención. Ojalá pudiéramos hacer lo mismo con los petulantes que a través de los medios perjudican y empequeñecen nuestra lengua.

Los jóvenes hablan (25-4-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Abril 24th, 2008

            En el artículo anterior tratamos algunos aspectos sobre el lenguaje de los jóvenes, y, tras abordar algunas cuestiones, finalizamos con la idea de que la causa de su empobrecimiento lingüístico residía, según nuestros criterios, en que hoy en día se lee menos que antes. No estaría mal comenzar estas líneas enlazando con esta reflexión, cuando además estamos finalizando los actos de la celebración del Día del Libro. Ya lo hemos comentado, pero es cierto que nuestros hijos están absorbidos por la Era de la digitalización, de la globalización en las comunicaciones y por las más avanzadas tecnologías en el campo de la imagen y del sonido; es una época, en fin, en la que prima la forma y lo superficial, y no lo profundo y esencial, de tal forma que muchos jóvenes ven el acto de abrir un libro y leerlo como algo de otra época, un gesto arcaico y aburrido que no les da una satisfacción rápida, inmediata y contundente que apague su sed de emociones “fuertes”.

            Esto conlleva que, según los últimos estudios, nuestros estudiantes no usan más que unas cien palabras en cualquier conversación diaria. Parece difícil creerlo, pero es así. Y podemos comprobarlo en nuestros hijos y alumnos. Su pobreza léxica es tan extraordinaria que su mundo comunicativo e intelectual se reduce a una parcela mínima de comprensión, y de ahí las dificultades que presentan en actos tan cotidianos como entender el mensaje de cualquier texto, ya sea literario o divulgativo. He conocido a estudiantes preuniversitarios, con calificaciones aceptables, incapaces de comprender desde un anuncio publicitario hasta términos como buhardilla o vehemente. La solución a esto no es sencilla; desde la Administración se ha animado a implantar el Plan de Lectura en todos los Centros educativos, y, aunque la medida es plausible, no deja de ser una gota de agua lanzada a una hoguera.

            Pero no todo es tan negro como lo estamos pintando aquí y no debemos caer en el catastrofismo fácil. A los jóvenes les hemos criticado el uso de algunos términos y expresiones que calificamos de desafortunadas y poco correctas; sin embargo, algunos de ellos son tan válidos como bellos. En la Segunda Parte de El Quijote, oímos a Sancho quejarse amargamente de los terribles dolores físicos que padecía tras haber sufrido una paliza, tanto que “desde la punta del espinazo hasta la nuca del cerebro le dolía de manera que le sacaba el sentido”; y en un momento de su queja llega a confesar que se encontraba “hecho polvo”. Esta misma expresión, tan usada por nuestros jóvenes, también la empleó Santa Teresa de Jesús en su Libro de fundaciones. Por otro lado, San Juan de la Cruz, en la prisión de Toledo, sufrió las vejaciones y envidias de sus compañeros por su empeño de reformar la orden carmelita, pero en un alarde de humildad escribió: “Paso de ellos”. Curioso, sobre todo cuando decimos de la juventud que es pasota. Permítanme un último ejemplo, y también de El Quijote: la condesa de Trifaldi, en un lamento plañidero, implora al gigante Malambruno para que envíe al gran caballo Clavileño con el fin de que don Quijote y Sancho pongan término al encantamiento que ella padece –una barba espantosa-, y en un momento se lamenta de su suerte exclamando: “¡Guay de nuestra ventura!”.

            En fin, no sé si este artículo les habrá parecido desafortunado o guay, pero sí espero que en algunos aspectos haya resultado esclarecedor.

Lengua y juventud (18-4-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Abril 17th, 2008

      No me dirán que no se ha hablado y no han corrido torrentes de tinta acerca de cómo hablan y escriben nuestros jóvenes. Ya el hecho de que hace unos días se celebrara en San Millán de la Cogolla –nada más y nada menos que la cuna del castellano- un congreso sobre el lenguaje de los jóvenes echa para atrás, porque hasta la fecha, que yo sepa, no se ha organizado ningún simposio sobre el lenguaje de los funcionarios, ni sobre el de las empleadas del hogar ni sobre el de los jubilados. Entonces, ¿qué tienen de especial los jóvenes para que despierte tanto interés su forma de hablar y de expresarse?; ¿será realmente tan negra la sombra que proyecta la próxima generación de españolitos?
      En todo esto no acabo de comprender por qué razón no hemos cambiado de actitud en estas últimas décadas. Y me explico. En mi adolescencia, nosotros fuimos la “Generación de la Movida”, una generación perdida, sin valores, sin educación y que sólo pensábamos en las litronas, los porros y el sexo; éramos, así lo decían, los herederos del movimiento hippy. Luego llegó la “Generación Tecno”, a la que siguió la “Generación del Kronen”, así llamada por la película que dirigió Montxo Armendáriz en 1995 y que reflejaba la realidad caótica de muchos jóvenes. De estas dos generaciones también se dijeron muchas generalidades que diferían de otras tantas particularidades. Y de aquélla y de éstas afirmaban que éramos unos malhablados y unos analfabetos pasivos porque siempre usábamos las mismas palabras -tronco, colega, tío, pasta, litrona, pasma, china, carroza, alucinante, piba,…-; ahora, somos casi todos unos seudocarrozas que desempeñamos cargos importantes, básicos o relevantes de nuestro país.
      ¿Y qué ocurre con esta hornada de adolescentes a punto de salir al ruedo universitario o laboral? ¿Qué generación es ésta, cómo podríamos denominarla? Para mí, esta es la “Generación Digital” porque nuestros jóvenes están tan absoluta y afortunadamente rodeados de tecnología informática y digital que ya no pueden concebir las relaciones y comunicaciones sociales sin estos medios. Y es más: hasta en el ámbito de la educación se empuja y casi obliga a los docentes a emplear las técnicas informáticas y los medios digitales en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Poco me ha faltado salir de mis casillas cuando he leído y escuchado de profesionales de la comunicación y de la opinión pública que una de las principales causas de que nuestros jóvenes posean una formación lingüística tan pobre es el envío de mensajes a través del móvil. Qué disparate. Recuerdo cuando tomaba apuntes en la Facultad -¿lo recuerdan ustedes?-; había en los folios una inmensidad de abreviaturas y símbolos que sólo nosotros conocíamos, y a veces, por descuido, los pasábamos a los exámenes con la consiguiente amonestación del profesor. Aquello respondía a una cuestión de rapidez, de escribir mucho y velozmente, como taquígrafos: ¿acaso no sucede lo mismo ahora con los mensajes que se envían –que nos enviamos-?
      Nuestros púberes interactúan con la realidad en la que viven y que están heredando de nosotros: los mensajes de móvil no son la causa de su empobrecimiento lingüístico; en absoluto. La causa reside en que ahora se lee menos que antes porque lo que prima es la imagen y la forma, y no lo conceptual y esencial. Pero esto es materia para otro artículo. Les espero.

Longuis (11-4-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Abril 10th, 2008

 

            A Francis, y su espíritu lorquiano

            Hace unos días se ha celebrado en toda Europa el Día Internacional del Gitano. No se trata de un evento más, de esos que trivializan nuestra vida diaria, pues estamos hablando de la minoría étnica más numerosa del Viejo Continente –su población supera los diez millones- y porque su contribución folclórica y cultural ha sido y sigue siendo relevante en países como Rumanía, Francia y, sobre todo, España.

            El origen de este pueblo es tan triste y trágico como su propia historia. Sabemos que, hacia finales del siglo VIII, una de las tribus más destacadas y avanzadas del Valle del Indo (en la actual Pakistán) decidió abandonar sus tierras y emigrar hacia el este. Los rom, que así era el nombre de esta tribu –de ahí el apelativo de romaní para caló-, se bifurcaron, unos hacia Europa y otros hacia el Mediterráneo. Estos segundos son los que más nos interesan: se asentaron en Egipto y ahí permanecieron durante muchos años asimilando el folclore egipcio y árabe al suyo propio. A principios del siglo XV decidieron embarcarse hacia Europa y, después de llegar al sur de Francia, se dirigieron hacia los Pirineos. Fue en el año 1425 cuando el rey Alfonso V de Aragón les permitió el paso por su reino, y, debido a su procedencia egipcia, en el salvoconducto que firmó el monarca se les llamaba egiptanos, de donde procede el término actual, gitano. Tras varias décadas de convivencia pacífica y cordial, los Reyes Católicos firmaron, en 1499, un edicto por el que se obligaba a este pueblo a abandonar su estilo de vida nómada y sus creencias no cristianas bajo la amenaza de “que den a cada uno cien azotes […], que les corten las orejas y estén sesenta días en la cadena, y los tornen a desterrar”. Desde esta fecha se inauguró en España contra esta etnia una política de represión, marginación y, en ocasiones, de extinción que, en la actualidad, afortunadamente, se está superando. Pero, al margen de consideraciones histórico-sociales, sí me interesa subrayar que esta persecución social dio origen al concepto y al sentimiento de la “pena negra”, y será el cante jondo, el flamenco, su vehículo de afirmación artística y vital. Este sustrato folclórico, esta expresión cultural del pueblo andaluz, ha servido de inspiración para artistas e intelectuales de la talla de Lorca, Falla, Machado,…

            El caló, la lengua de los gitanos, proviene del sánscrito y está emparentada con el hindi, la variante idiomática más hablada en India. Tras casi seiscientos años de convivencia lingüística en nuestro país, el español ha adoptado muchos términos de esta lengua tan singular, y algunos de ellos los empleamos casi a diario. La piltra, un bulo (de bul, `porquería´), chaval, estar chalado, hacer el paripé, chungo (`feo´) o el menda son ejemplos más que elocuentes. Pero la marginación social del pueblo gitano ha motivado que el caló fuese considerado durante siglos una jerga de maleantes y perseguidos, de ahí términos como la trena, currelar (`trabajar´), canguelo (`miedo´), el parné o el guripa (`guardia´), o palabras tabú como chingar o gili (`frío´, `tonto´).

            Para terminar, y como no quiero hacerme el longuis, me uno a esta celebración del pueblo gitano, y ojalá que compartan conmigo el deseo de que nuestros churumbeles, a los que tanto camelamos, hereden un espíritu abierto y receptivo con esta lengua y con esta cultura.

De muerte (4-4-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Abril 3rd, 2008

            La necesidad empuja al hombre a cometer acciones casi siempre insensatas, y, en ocasiones, disparatadas. He escuchado en los medios de comunicación que, en el pueblo valenciano de Burjassot, a un ladrón no se le ocurrió una idea más afortunada que la de atracar el tanatorio municipal. Cuando forzó una ventana para entrar, sonó la alarma, y, al saberse descubierto y con la Policía a punto de llegar, decidió tumbarse, vestido y con sus zapatillas, en una camilla metálica que quedaba libre para los cadáveres. Los agentes, a los que apenas les costó descubrir al caco, declararon que, al ponerle las esposas, el “muerto” resucitó. No queda clara la intención del detenido, pero cuesta creer que fuera la de robar la cartera o alguna muela de oro a los cuerpos allí yacentes; yo me inclinaría por una hipótesis menos escabrosa y más espiritual: quizás, el joven cometió aquel allanamiento por el deseo de ver por última vez el rostro de alguien muy amado por él y, por qué no, de besar su frente y sus labios entumecidos por el frío, la piedra y la soledad.

            De ser así, este hecho no sería nuevo. Cadalso vivió un amor profundo, apasionado y correspondido con una de las mejores y más bellas actrices del Madrid de mediados del siglo XVIII, María Ignacia Ibáñez, pero un tifus se la arrebató de sus brazos cuando la joven aún no había cumplido los veintiséis años. Aunque no pasa de ser una leyenda, se cree que el escritor, empujado por la desesperación, intentó desenterrarla para besarla por última vez; sea como fuere, de aquel ardor irreprimible nos ha quedado sus Noches lúgubres, cuyo protagonista, Tediato, pasa por ser un trasunto del propio Cadalso.

            Es chocante y aun paradójico cómo los conceptos de amor y de muerte están tan unidos, y, si no, hagamos un pequeño viaje a la época de la antigua Roma. Ya conté en una ocasión que un joven romano, al enterrar a su enamorada, mandó inscribir sobre la lápida tres palabras, una debajo de la otra, que formaron la siguiente leyenda: Caro data vermibus (`Carne dada a los gusanos´). Resulta estremecedora la contundencia de una verdad tan obvia e inevitable como la de que tus restos serán devorados por los gusanos, pero se antoja más hiriente si cabe cuando la diriges a un ser querido que acaba de fallecer. Pero, en fin, cuenta la leyenda que, con el paso de los años, la erosión fue borrando las últimas letras de cada palabra, y solo quedaron visibles las primeras sílabas, CA DA VER, de ahí el origen de este término. Los griegos, por su parte, tampoco se mantuvieron al margen de esta cuestión necrófaga; sabemos que solían incinerar a sus muertos, pero, en ocasiones, construían féretros con una piedra caliza tan porosa que aceleraba la descomposición y la desaparición del cadáver; y como los helenos, en su lengua, a un animal carnívoro lo denominaban sarcófago -de sarkós (`carne´) y phagos (`comer´)-, quizás sea esta la razón de por qué decidieron llamar así a estos ataúdes calcáreos.

            Sea por una razón o por otra, los humanos llegamos a un punto tal de vanidad y narcisismo que nos pasamos parte de nuestra vida preocupándonos del aspecto que tendrá nuestro ataúd, verificando el lugar donde yacerán nuestros restos y angustiándonos por el deterioro que sufrirá lo que quede de nuestro cuerpo. Los hay tan crispados que hasta les da por asaltar tanatorios y mezclarse con los cadáveres.

Mortandad lingüística (28-3-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Marzo 27th, 2008

            El mayor esfuerzo intelectivo que realiza el ser humano a lo largo de su existencia no es conseguir un máster altamente especializado o aprobar unas oposiciones, ni comprender el sentido de los anuncios televisivos sobre higiene íntima femenina, ni siquiera llegar a una conclusión convincente de por qué tantos millones de españoles se ponen a bailar absurda y borregamente al ritmo de una canción eurovisiva que con sólo oírla se te caen los palos del sombrajo. Nuestro mayor esfuerzo intelectivo lo llevamos a cabo en un período de tiempo que abarca desde que tenemos apenas unos meses de vida hasta aproximadamente los tres años, y no es otro que la adquisición de la lengua materna. Piensen que, en algo más de dos años, un niño aprende a hablar y a entender una lengua – y luego los hay que se pasan media vida para articular unas cuantas frases en inglés-, y el esfuerzo es tal que los especialistas llegan incluso a hablar de estrés a una edad tan temprana.

            Pues bien, hay muchas lenguas que nunca más volverán a ser articuladas ni balbuceadas por un ser humano. Hace unos días nos despertamos con la triste noticia de que acababa de desaparecer otra lengua, el eyak -hablada en Alaska-, al morir su último hablante, una anciana de casi noventa años. Los datos son escalofriantes (parecen las cifras que todos los lunes nos ofrece la DGT), pero, según algunos especialistas, cada dos semanas muere una lengua; cerca de tres mil –la mitad de las que existen hoy en día en nuestro planeta- están ahora en peligro de extinción, y se prevé que a lo largo de este siglo desaparezca el 95% de las lenguas vivas. Hay dos razones muy poderosas que explican este diezmo, esta extinción lingüística y cultural: por un lado, que más de la mitad de las lenguas que se hablan en el mundo no gozan de presencia en los medios de comunicación, ni en los sistemas educativos ni en la Administración; por otro, la globalización económica y cultural impone que la mitad de la población mundial emplee alguna de las ocho lenguas más habladas: chino, inglés, español, hindi, árabe, ruso, francés o portugués.

            Les podría hablar del caso de Iberoamérica, donde casi la mitad de sus quinientas lenguas amerindias solo existen en comunidades muy reducidas; o de India, donde se hablan mil seiscientas cincuenta lenguas, de las que seiscientas están reconocidas por la Carta Magna de este país asiático, pero muchas de las cuales están al borde de la extinción. Sin embargo, no es necesario irse tan lejos. ¿Sabían que en Europa están seriamente amenazados el gaélico –tanto el irlandés como el escocés-, el bielorruso, el kurdo, el tártaro, el provenzal o el bretón, entre otros, y que pueden correr la misma suerte que en su día sufrieron el gótico, el dálmata o el nórdico?

            En estos momentos, y con cierta melancolía, recuerdo a un conferenciante afirmar que, hace miles de años, cuando la población de la Tierra era casi idéntica a la que hoy en día se contabiliza en Méjico D. F., cuando no existía la globalización ni el desarrollo mundial de las comunicaciones, se llegaron a hablar en nuestro planeta algo más de veinte mil lenguas. ¿Sería acaso aquélla la Edad dorada que ensalzó Don Quijote ante unos cabreros, sentados todos sobre pellizas de oveja al calor de una hoguera y compartiendo queso, bellotas y vino? Pero ahora, de aquella torre de arcilla sólo nos queda un puñado de arena que lentamente se va escurriendo entre los dedos.

Días de chándal (21-3-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Marzo 20th, 2008

            Durante los días de fiesta y descanso, nuestra ciudad suele poblarse en las primeras horas de la mañana de ciudadanos en chándal. No son muchos, pero suelen coincidir y agruparse ritualmente cuando la mayoría de nosotros aún estamos en la tercera esfera del sueño. Un domingo en el que tuve que madrugar, descubrí, casi como un hallazgo, esta realidad: dos señores de tertulia en una esquina, gente desayunando sus churros con chocolate, otros comiendo pipas en el parque; los había que salían a recorrer nuestro perímetro urbano con un cigarro en la boca. Y todos con su chándal. Me sentía como un espeleólogo en un día de suerte, sobre todo cuando me acerqué a un quiosco a comprar el periódico y vi a una señora muy áurea -recubierta de collares y anillos de oro-, en chándal y tacones y con su marido a la zaga embutido en una prenda deportiva que, por el desgaste, había perdido su identidad y decoro.

            No hay duda de que el chándal es muy recurrido para cualquier situación, pero algo muy especial debe tener esta prenda cuando ha solucionado conflictos aparentemente insalvables, como el de un centro educativo de nuestro país que no encontraba los medios para integrar en las aulas a una alumna marroquí que se aislaba de sus compañeros, que no participaba en las actividades y que, incluso, se negaba a hablar y a comer; a la orientadora del Centro se le ocurrió proponerle que se vistiera a la moda de los adolescentes de hoy, con un chándal estilo rapero, y, desde ese momento, la actitud de la joven cambió drásticamente para bien. No hay mal que por bien no venga.

            El origen de esta palabra es de finales del siglo XIX y proviene del francés chandail ([mar]chand d´ail `vendedor de ajo´), porque los verduleros y fruteros del barrio parisiense de Les Halles solían llevar puesto un jersey de punto grueso que les protegía del frío. Esta prenda era tan práctica que pronto se popularizó; Flaubert escribía sus obras y recibía a otros escritores con su chandail puesto como un gesto para admitirlos en su intimidad, aunque esto le acarrease las críticas de algunos compañeros, como Henry James, que veía en ello una descortesía provinciana. Años más tarde, el uso de esta prenda se generalizó tanto que, cuando estalló la I Guerra Mundial, se decidió que los soldados franceses debían llevarla puesta, y que las mujeres, en la retaguardia, se dedicaran a la patriótica labor de confeccionar miles de ellas a golpe de aguja y lana. Ya en época de entreguerras y de tensa paz, el chándal entró definitivamente en el mundo del deporte y del atletismo, y sobre todo en las Olimpiadas de Amberes de 1920, aquellas en las que una desconocida España ganó varias medallas de oro a base de coraje y pundonor.

            Mucho ha cambiado este atuendo desde entonces hasta hoy. Los chándales son de dos piezas y de material sintético, y ahora llamamos “sudadera” a la prenda descendiente de aquella que los fruteros franceses del XIX llevaban puesta para combatir el frío. Numerosos cantantes pusieron el chándal de moda, como las Spice girls –quién te ha visto y quién te ve-, y hasta la política no ha permanecido al margen de esta corriente: aún recuerdo a Aznar pateando la verja de La Moncloa, o a Solana entrando en chándal en su Ministerio tras una sesión de futin, o a Sarkozy corriendo por los Campos Elíseos antes de la campaña electoral meditando, posiblemente, sobre su carrera política y sentimental. En fin, que para no perder comba habrá que actualizar el armario, ¿no creen?

El español de internet (14-3-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Marzo 13th, 2008

            A Jorge, por tu apoyo y seguimiento

            No les estoy descubriendo nada si les digo que, gracias a la Red, en los más de mil años de historia de nuestra lengua nunca se ha escrito tanto en español como en la actualidad. Es cierto que el nivel lingüístico al que tenemos acceso es medio o coloquial, pero también lo es que escribir en un soporte electrónico no suscita la misma responsabilidad que cuando se hace en uno tradicional, sobre todo porque, en internet, levanta más interés el contenido que la forma como se diga y exponga. Lo positivo de esta realidad es que se consigue la uniformidad al llegar nuestro idioma a cualquier rincón del planeta con más facilidad y rapidez; lo negativo, que la lengua española está siendo atacada constantemente por incorrecciones y anglicismos.

            La introducción de anglicismos en nuestra lengua por obra y gracia de internet se corrobora en la incorporación de muchos de ellos en el DRAE, o bien como extranjerismos puros (web, chip, hardware, software, chat, link, e-mail, hacker, blog, spam, online) o como calcos, esto es, términos traducidos (control, ratón, menú, alfombrilla, protocolo, archivo, portal, servidor, navegador, internauta, dominio, sitio, virtual, enlace, bajar, interfaz, red, tarifa plana, portátil, instalar, desinstalar). El término e-mail es singular, no sólo porque presenta varios significados –correo electrónico, dirección electrónica-, sino también porque aparece en nuestra lengua con formas como emilio, aunque no está teniendo un uso excesivamente exitoso. También significativa es la tendencia a la lexicalización de numerosas siglas: cederrón, pecé, deuvedé.

            Se sorprenderían si les cuento que la metáfora es un recurso muy habitual del español de internet. Algunos lingüistas, como es el caso de José Antonio Millán, han llegado a agruparlas en varios tipos. Así, encontramos metáforas marinas (navegar, navegador, internauta); las hay también que conciben la Red como un espacio físico (se visitan sitios, hay portales, direcciones de correo electrónico, a una página accedemos varias veces al día), y la información se concibe como un objeto, ya que puede ocupar mucho espacio y llenar el cederrón, porque podemos bajarla o descargarla, o porque la colgamos en determinado sitio para que sea consultada; hay incluso metáforas relacionadas con la Medicina y con organismos vivos, pues ahí está el ratón; o el gusano que nos está comiendo el sistema operativo; o el virus que nos infecta el disco duro, que se puede contagiar y para el que hace falta un adecuado antivirus, teniendo en cuenta que puede existir alguna mutación inesperada.

            Un aspecto que me parece extraordinario es la capacidad de nuestra lengua de crear palabras y locuciones nuevas. Vemos que se han formado neologismos por sufijación (chatear, cliquear) y a través de prefijos como ciber- (cibercafé, ciberespacio,…) o inter- (interactivo, interoperar, intergamberro,…); y una gran variedad de locuciones como autopistas de la información, disco duro, correo basura, servidor web,…

            Podríamos citar más casos, pero la lista se nos quedaría excesivamente extensa; de todas formas nos quedamos con la idea de que el español lleva unos años amoldándose como un guante a esta realidad social y técnica que es el mundo informático, y, con ello, nuestro idioma vuelve a demostrarnos que es uno de los más feraces y versátiles del planeta.

Candidatos (7-3-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Marzo 7th, 2008

            Aún recuerdo, como fogonazos lejanos, aquellas primeras elecciones de los años setenta. Entonces, el ambiente electoral era alegre, festivo; había mucho por hacer, muchas ilusiones por cumplir, y en los candidatos electorales se adivinaba una inocencia democrática y política normal tras varias décadas de dictadura militar. Recuerdo las calles irisadas de carteles y pancartas, y recuerdo también que apenas se oían reproches, insultos y descalificaciones; era la época del respeto ideológico y del candor político.

              La palabra candor proviene del latín candidus (`blanco´), y la he citado a propósito porque está emparentada con candidato. Este término se empleaba en la antigua Roma para designar a los aspirantes al Senado durante el período electoral, porque, según la costumbre, debían ir vestidos con una toga blanca al pasear por el foro. El blanco era, pues, el color electoral entre los romanos de hace unos dos mil años. ¿Y hoy? ¿Cuál sería el color que podría identificar a un candidato? O mejor dicho: ¿con qué color, de entre todos los que representan una sigla política, nos sentiríamos más identificados?

             Como yo tampoco lo tengo muy claro, me he dedicado estos últimos días a analizar el significado y la simbología de los colores por ver si así salgo de la profunda y densa niebla que me envuelve. Muchos autores aciertan en señalar que cada uno de los siete colores primarios coincide con las siete facultades del alma -tanto con las siete virtudes como con los siete vicios-, y que también existe una analogía entre ellos y los días de la semana, los planetas y aun las formas geométricas. Por no resultar muy extenso, incidiré en lo más importante de tres de ellos: el rojo, el azul y el verde. El azul, relacionado con el cielo y el mar, era el atributo de Júpiter y Juno como dioses del cielo, por lo que desde siempre, y por su marcado carácter de eternidad, ha encarnado los sentimientos religiosos y de devoción. El verde es el color ambivalente por excelencia, porque, por un lado, es el de la naturaleza y de Venus, el de la fertilidad de los campos y de la simpatía, pero, por otro, es el color de la lividez extrema y la muerte (los egipcios pintaban a Osiris –dios de la vegetación y de los muertos- de verde; ¿o no recuerdan el “Verde que te quiero verde” lorquiano?). Por último, el rojo, relacionado con Marte, es la encarnación del sentimiento, de la pasión y, sobre todo, del principio creador por ser el color de la sangre, razón por la cual los generales romanos que volvían victoriosos y eran recibidos con honor hacían su entrada triunfal con el rostro pintado de rojo.

            No sé si algunos de ustedes lo tendrán más claro, pero yo creo que me quedo con el blanco. Y como parece ser que no hay ningún partido que lo represente, me vuelvo al pasado, a esa antigua Roma por cuyo foro paseaban los aspirantes al Senado luciendo una toga blanca para mostrar abierta y públicamente que no sólo era blanco y limpio su pasado, sino también sus propósitos. Hoy hay muchos candidatos, pero poco candor, poca limpieza y oscuros y negros propósitos; hoy, más de un representante político no podría salir en los mítines ni debates ataviado con una toga blanca que defendiera su honestidad porque sería tomado por un cuentista y un cínico. Así que hoy, con el cierre de la campaña electoral, y mañana también, por qué no, posiblemente me acerque al jardín donde un día me embriagué del suave tacto de la azucena.

Cursi (29-2-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Febrero 28th, 2008

            Un amigo de esos cuya amistad conservas milagrosamente desde el instituto me ha invitado a Madrid esta semana. Él es empresario y lleva mimando su negocio desde hace algo más de una década cumpliendo una lista de principios que son su particular vademécum: mantener un buen ambiente entre sus empleados, transparencia en las operaciones, honradez en el trato personal y profesional, y cumplir con Hacienda. Ahora ha añadido a estos mandamientos otro con el que no contaba hace unos años pero que se le antoja imprescindible: la seguridad. Por esta razón me pidió que lo acompañase al SICUR, el Salón Internacional de la Seguridad, con el fin de ponerse al día en los últimos avances de este sector. Durante el trayecto me contó que ya había instalado en su empresa un detector de intrusión dual, una cámara de vigilancia móvil 360º inteligente y hasta un sistema de evacuación por voz. Entre aquellos armatostes que no entendía y los otros que no tardaría en descubrir, creí que la visita iba a ser un tostón, y acerté. No obstante, he de reconocer que me salvaron de la apatía una exposición de vehículos antiguos que fueron empleados en su día por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, y dos simulacros representados con una técnica muy hollywoodiense: un atentado mediante el envío de un sobre con Ántrax y un ataque en el interior de una oficina en la que unos terroristas liberaban gas Sarín. Sin embargo, a medida que caían uno tras otro los actores víctimas del gas, comprobé que la cara de mi amigo adoptaba un rictus de angustia y espanto, así que lo convencí para salir a tomar un piscolabis.

            Mientras se recuperaba del susto recibido, me entretuve observando a un matrimonio de cursis que se había sentado a una mesa cercana a la nuestra. Eran estirados y anodinos como un cirio pascual, y sus bocas, saqueadas por el silencio, se acartonaban cuando movían los escasos músculos necesarios para inmovilizar la pajita y sorber el refresco. A sus pies, un tembloroso y aturdido perrito se lamía la herida por donde le habían introducido un chip con localizador en la sección del SICUR dedicada a la seguridad contra intrusión, robo y agresión. Aquel cuadro insólito y esperpéntico me hizo recordar una historia que, según algunos estudiosos, vendría a explicar el origen hasta ahora incierto de la palabra cursi. A principios del siglo XIX, una familia de comerciantes franceses se instaló en Cádiz. Los Sicur, que ese era su nombre, no gozaban de muy buen crédito porque se paseaban por los barrios gaditanos con aires presuntuosos y muchos remilgos, y, entre lo indiscreto de sus ínfulas y lo ridículo de su vestimenta, no tardaron en ser blanco de burlas y chirigotas. Eso sí, para que no se percataran de la guasa que se había creado alrededor de ellos se decidió cambiar el orden de las sílabas de su apellido, y, así, fueron llamados los Cursi. No sin razón se suele decir que el cursi es la última persona en darse cuenta de que lo es, en darse cuenta de que realmente ni es fina ni elegante.

            Al cabo de un rato nos levantamos para continuar con la visita, y entonces reparé en que tres jóvenes imitaban los gestos y posturas de la pareja, seguramente como hicieron los gaditanos de principios del XIX con los Sicur. Coincidirán conmigo en que, a veces, la vida te ofrece algunas escenas y casualidades que debes fotografiar en tu mente aunque sea en lugares tan insospechados como un Salón Internacional de la Seguridad.

Inercia (22-2-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Febrero 21st, 2008

            A veces, los jóvenes me sorprenden gratamente. No hace mucho entablé una conversación con algunos de ellos sobre un asunto hacia el que demuestran una especial motivación y sensibilidad: el respeto a los animales. Defendían la postura de que un país no puede llegar a ser moderno ni avanzado si permite el maltrato a los animales en cualquier acontecimiento festivo y social; llegaron, incluso, a subrayar que una sociedad que legaliza este tipo de violencia se define, irremediablemente, como violenta y cruel. Y me gustó oírles hablar no ya por el contenido del debate, sino porque observaba a un grupo de adolescentes que no se dejaban arrastrar por la tentadora inercia de tradiciones y prejuicios, y con una autonomía de pensamiento que ya quisieran muchos mayores. Con tales argumentos fue inevitable que saliera a la palestra el hecho de que se le llame “arte” a la fiesta de los toros. Una estudiante, que conoce mi ascendencia taurina, me preguntó por qué se le llamaba “arte de Cúchares”, y le expliqué que fue el primer torero que modernizó el toreo a pie, y de esta manera ha quedado inmortalizado su legado; a pesar de ello, su impronta se ha emborronado por la fama de vanidoso y petulante que el diestro cosechó en vida.

            Por no cambiar de tercio, unas banderillas negras habría que ponerle al periodista que esta semana transmitió la noticia de un subalterno que fue seriamente volteado por un toro. A lo mejor se dejó llevar por la inercia actual de los medios de convertir en carnaza cualquier noticia y con ella alimentar la ya muy dañada sensibilidad del espectador, pero lo cierto es que apuntó que, tras el volteo, el banderillero “permaneció inerte” sobre la arena durante unos segundos. Flaco favor le hizo al torero de plata, porque, en lugar de emplear otro adjetivo más acorde con el contexto (“permaneció inmóvil”), no cayó en la cuenta de que el término inerte se emplea para referirse a lo que ya no tiene vida o nunca la ha tenido. En Medicina se dice de un miembro que es inerte cuando se ha paralizado y ha perdido su movilidad. Es más, la materia inerte es la que no tiene vida; Lorca escribió: “La piedra inerte / ni conoce la sombra ni la evita”: la piedra no sabe qué es la muerte, por lo que ni siquiera se empeña en esquivarla. Inerte está emparentado con inercia, y ambos provienen del vocablo arte. Desde hace unos siglos, y por influencia del francés, relacionamos arte con toda manifestación humana que interpreta una realidad o ficción empleando para ello recursos plásticos, visuales, lingüísticos o sonoros. Pero no siempre fue así, ya que, desde los orígenes de nuestro idioma, este término se utilizaba con el significado de `fraude´ o `engaño´, y de ahí se explican palabras como artificial, artificio, artificioso, artilugio o artimaña. En el Libro de Buen Amor, el Arcipreste escribió este verso: “ca veo que os ama y os quiere sin arte”, es decir, sin engaños, honestamente; y Garcilaso, en su primer soneto, expresó su sentimiento amoroso -probablemente autobiográfico- empleando esta misma expresión: “[...] me entregué sin arte / a quien sabrá perderme y acabarme / si quisiere [...]”.

            Es muy seguro que aquellos alumnos que conversaron conmigo sobre el asunto del maltrato a animales, si han leído estas palabras, puedan admitir que el toreo es un “arte”, pero desde una perspectiva más bien clásica. A ellos van dedicadas estas líneas.

De pacotilla (15-2-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Febrero 14th, 2008

            Mi amigo y compañero Eloy, cuya pluma enriquece la república de las letras, compartió conmigo el otro día una animada y sosegada conversación que quisimos acompañar con un café y una tónica. No les contaré los puntos de los que tratamos porque eso pertenece al ámbito de lo personal e intransferible, pero sí les diré que me aconsejó que no bebiera demasiada tónica ya que uno de sus componentes, la quinina, precisamente el que le da su sabor amargo tan característico, es un tóxico empleado hace décadas para combatir la malaria, pero que en altas dosis puede causar la sordera o, incluso, la muerte. Aquello me alarmó porque me considero un devoto alquimista de este refresco, y, aunque no creo que llegue a ingerir una cantidad tan alta que pueda ser letal, hay veces que sí desearía pasarme un poquito de la raya para alcanzar un breve estado catatónico de sordera, lo suficiente para no oír algunos disparates e improperios que nos amargan la existencia. Porque para ligeras amarguras, que –sea dicho de paso- hay que saber digerirlas, ya me tomo yo semanalmente mi ansiada tónica.

            No obstante, algún exceso he debido cometer porque llevo ya algunos meses algo tardo en la escucha, y hasta he adoptado el gesto senil de llevarme la mano ahuecada a la oreja para oír mejor. Mi mujer, paciente hasta el martirio, está ya harta de rectificarme el gesto y de repetirme cada mensaje, y hace poco me espetó que estaba “sordo de pacotilla”. La expresión de pacotilla me recordó a un señor que sostenía que tal término debía venir seguramente de un tal Paco, y que ese fulano sería muy afamado en su comarca por su sandez, por lo que el pueblo determinó inmortalizar tal simpleza llamándole “Pacotilla”. Nada más lejos de la realidad. El vocablo proviene de la palabra paca, que obviamente no es ninguna Francisca, sino un fardo de materiales principalmente vegetales, como algodón, lino o paja; llegados a este punto, permítanme una digresión para recordar que en los campos, en verano, lo que vemos son pacas de paja, y no alpacas, que es término incorrecto. Como una paca es algo de poco valor, los marineros llaman pacotilla al equipaje que pueden embarcar al margen de la propia carga del buque. Por esa razón, se dice que algo es “de pacotilla” cuando su calidad no es muy buena o ha sido hecho con descuido: un examen de pacotilla está seguramente suspenso, y un libro de pacotilla estará infectado de incongruencias y necedades; un sordo de pacotilla soy yo, que no sólo estoy perdiendo audición, sino que a veces me cierro a entender ciertos mensajes y consejos.

            Con la cercanía de los próximos comicios, los ciudadanos ya hemos empezado a escuchar declaraciones llovidas desde cualquier sigla, muchas de las cuales subrayan el hecho de que todavía existen políticos impulsados por la ambición, por la vanidad ridícula, por la doblez y el orgullo, y que no tienen reparo en mostrar y airear sus miserias. Confieso que la política me ha desencantado, y posiblemente esté en lo cierto aquél que se atrevió a llamar a tales representantes como “políticos de pacotilla”. Ante esta realidad manifiesta y palpable, cada uno que actúe como le plazca; ahora bien, lo mejor quizás sea hacerse el sordo y disfrutar de una sencilla tónica junto a una buena compañía.

Tránsito (8-2-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Febrero 7th, 2008

            No es doña Rosa, con la edad que ya tiene, muy dada a las fiestas y banquetes, y más si se prolongan más de cuatro horas. Me estaba contando que no le quedó más remedio que aceptar la invitación a la boda del hijo de un nieto sobrino lejano suyo, del pueblo, y al que hacía más de diez años que no veía. Acabo de visitarla porque padece de una gastroenteritis algo extraña, de esas que te dejan las tripas columpiando unos tres días. “Si esto no ha sido más que el exceso de un día”, me confesaba, “y entre lo que comí y lo apretada que tenía la faja… y tanto tiempo sentada, pues lo normal, que una hace una digestión pesada. El médico dice que es algo del tránsito intestinal”.

            Estuve acompañándola casi toda la tarde y cumpliendo los recados que me encomendó. Antes de volver a casa, me acerqué al supermercado del barrio para comprarme unos litros de leche, y, como un fogonazo, entre el recuerdo del problema gástrico de doña Rosa y la carga láctea, mientras entraba en el ascensor, me acordé de lo que mi abuela me contó un día invernal, frío y gris, hace ya unos veinte años. En su pueblo, una señora de buen ver y de mejor presencia comenzó a perder peso de una manera alarmante, y, como el médico rural no supo dar con la causa, la llevaron a un curandero famoso en la Manchuela. Al mismo verla, supo el mal que padecía, así que no dudó en darle de beber un poco de leche y en pedirle que, durante el tiempo que fuera necesario, colocara el vaso con la leche restante junto a su boca bien abierta. Me dijo mi abuela que, ante el asombro y la incredulidad de los presentes, una tenia de más de metro y medio fue saliendo por su boca para introducirse en el vaso. Lo que causa espanto es que este hecho era muy frecuente en la España de hace unas décadas y de varios siglos atrás; es más: los médicos de entonces creían que la mejor forma de matar el anélido era ingiriendo por la mañana, y en ayunas, alguna bebida alcohólica. Había quienes, incluso, daban a sus hijos para desayunar un buen vaso de vino cuando mostraban signos de adelgazamiento. De aquella práctica se extendió el dicho de matar el gusanillo para referirse al desayuno, y, años más tarde, por extensión, al piscolabis ingerido para calmar el apetito.

            Cerré mi casa con cierta sensación de congoja y de escalofrío interno, pero he de confesar que el verdadero espeluzno lo sentí al recordar ese término, tránsito. Y, aunque es cierto que la palabra está admitida con el significado de `tráfico´ (“Se prevé tránsito lento en la autovía a Madrid”), no logro deshacerme del uso más habitual que hasta hace bien poco hacíamos del vocablo en cuestión, y no era otro que el de aludir al paso obligado de esta vida terrenal y efímera a la otra, que vaya usted a saber cómo será. De hecho, la fiesta del Tránsito se sigue celebrando el 15 de agosto precisamente para conmemorar la ascensión de la Virgen a los cielos; y es más: si hago trabajar a mi memoria en serio, alcanzaría a recordar el rostro de María del Tránsito, una compañera de Facultad que bebía los vientos y mareas por mi compañía. No se pueden hacer una idea de la vitalidad y de la luz que irradiaban sus palabras, cuidadosamente perfumadas por la elegancia y la discreción; y, claro, la alegría de su presencia chocaba con lo luctuoso de su nombre. Más de una vez se lo confesé: “Para mí siempre serás María”. Y ella me lo agradecía con un beso que me transportaba a un espacio sólo accesible para la imaginación.

El español en la Red (1-2-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Enero 31st, 2008

            Parece mentira, pero pensemos que, en la España de hace apenas doce o quince años, la conexión a internet –o un móvil- eran una realidad sólo accesible para los más potentados. Entonces, en Salamanca, presenté una comunicación en un congreso sobre Comunicación Audiovisual en el que incidía sobre el poder unificador que los medios de comunicación ejercían -y ejercen- en nuestro idioma por la sencilla razón de que cualquier ciudadano puede acceder a un español más o menos correcto, más o menos coloquial, en cualquier rincón del país con el sencillo gesto de encender un transistor o un televisor.

            A lo largo de esta semana hemos ido desayunando con la feliz noticia de que la Comunidad de Castilla-La Mancha es de las pocas que ofrece la posibilidad de acceder a internet por banda ancha en cualquier rincón de la región. Al margen del éxito social que acarrea este acontecimiento, estamos ante un logro que ratifica un dato indiscutible: que la presencia del español en internet ha aumentado tanto en el último decenio, que, en estos momentos, se sitúa detrás del inglés, japonés, chino y alemán. No obstante, este magnífico e imparable desarrollo tecnológico choca con la realidad bien distinta de la escasez casi alarmante de páginas web en español; y es más: la demanda cada vez mayor de contenidos en nuestra lengua ha animado a académicos y lingüistas a aconsejar la creación de páginas y programas de calidad para hispanohablantes.

            De todas las causas analizadas, la que más sobresale es la económica ya que muchos países hispanoamericanos no disponen de fondos para lanzar en la Red una plataforma en lengua española que pueda competir y frenar el monopolio del inglés. Sin embargo, no estaría mal que todos los países hispanohablantes pudieran ponerse de acuerdo para crear un software de libre acceso en español, para crear obras de referencia en castellano, para incorporar textos clásicos y contemporáneos, obras de consulta, diccionarios de todo tipo y buscadores. Aunque aún queda mucho por hacer, en esta línea está trabajando la AHCIET (Asociación Hispanoamericana de Centros de Investigación y Empresas de Telecomunicaciones), y está en proyecto la SII (Sociedad Iberoamericana de la Información).

            Con todo, en estos momentos disponemos de páginas que nos facilitan la comprensión de los términos usados frecuentemente en internet, como la de la Asociación de Técnicos de Informática (www.ati.es) o glosarios como el que se encuentra en www.jamillan.com/vocabulario. La lengua española está representada por la página de la Real Academia Española (www.rae.es) y por la del Instituto Cervantes (www.cervantes.es), así como la de los medios de comunicación escritos y audiovisuales de todo el mundo hispanohablante (www.prensaescrita.com). La RAE, además de disponer de un Departamento de Lingüística Computacional, sostiene dos bancos de datos que son el corpus de referencia para el estudio del español: el CREA (Corpus de Referencia del Español Actual) y el CORDE (Corpus Diacrónico del Español). Por su parte, el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es/portada.htm) ha sido creado por el Instituto Cervantes de España para contribuir a la difusión de la lengua española y de las culturas hispánicas.

            Sea como fuere, es de ley valorar los esfuerzos que se están empleando para que España no se descuelgue de la cabeza de esta vertiginosa carrera tecnológica y digital.

Espíritu de rutina (27-1-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Enero 26th, 2008

            Solemos prejuzgar a la gente sin antes conocerla; nos crea una falsa y adictiva sensación de grandeza el elevar a los altares o hundir en los infiernos a fulano o mengano sólo por el placer de hacerlo. Los hay que prejuzgan arrastrados por una vorágine de opiniones cercanas o familiares, muy golosas e irresistibles para la lengua; pero los hay también que lo practican para llenarse el espacio que una aguda, dolorosa e incurable insatisfacción ha abierto dentro de ellos: prejuzgan para infligir el daño que otros han ocasionado en ellos, y esta sed de venganza resulta tremendamente tentadora también para la lengua y para la mente. Pero esa sed no es más que una droga que consume y aniquila con nefasta lentitud.

            R. L. Stevenson plasmó muy claramente la verdadera y terrible dualidad del hombre: todos llevamos un Dr. Jekyll –ciudadano educado, bondadoso, al servicio de la sociedad-, y un Mr. Hyde, un ser cruel e insensato, sin principios ni moral, que vive por y para el mal. Muchos, afortunadamente, saben mantener amordazado al monstruo, pero otros tantos se han hecho adictos al brebaje que lo desencadena; en unos pocos, lamentablemente, es Hyde el que ha encarcelado a perpetuidad a Jekyll.

            Seríamos injustos si afirmáramos que la maledicencia es un producto típicamente hispano puesto que se ejercita a lo largo y ancho del planeta y desde que el ser humano se hizo llamar así. ¡Qué terrible y fatigosa rutina! Qué ruina moral, qué fracaso social al no haber sido capaces de instruir y cultivar correctamente a los más jóvenes. En algunas ocasiones oigo comentar a Jekyll que hay rutinas que llegan a ser tan insoportables que lo más apropiado es dejarse arrastrar por la corriente, como flotando a la deriva en las aguas a veces tranquilas, a veces agitadas de un río; pero con los oídos dentro del agua, para sentir sólo la líquida realidad de la existencia. Curiosa paradoja esta, combatir la insufrible rutina con otra más grata; es como dar un suave paseo para quitarse el cansancio. Al fin y al cabo, la palabra rutina proviene de ruta; la rutina, en sí, es un camino que andamos y desandamos continuamente, sin avanzar, sin adelantar, sin progresar.

            El Duque de Rivas lanzó, en uno de sus discursos, una frase sonrojante para los mandatarios españoles de la segunda década del siglo XIX: “El espíritu de rutina y la repugnancia general a toda útil innovación, hijas legítimas de la ignorancia y de la pereza, se oponen directamente a los adelantos de la cultura”. Pero la realidad ignorante y perezosa termina por imponerse, con sonrojante rutina, a la cultura y al progreso. Es otra demostración del poder de Hyde sobre Jekyll.

Mastodonte (13-1-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Enero 13th, 2008

            Es cierto que vivimos en la época de la tecnología informática y de la conquista del espacio, como también lo es que estamos entrando de lleno en la era del reciclaje y de la ecoconcienciación. Sin descartar ninguna de estas propuestas -no seamos excluyentes como otros-, quisiera añadir que llevamos unas pocas décadas en las que la auténtica moda viene marcada por las cifras y las estadísticas. ¿O es que acaso no se han dado cuenta de que prácticamente todo, aun lo más insignificante y ridículo, hay que valorarlo, medirlo y estudiarlo con estadísticas? Y ustedes me entenderán si les digo que a ver para qué demonios quiero yo saber en qué época del año se consumen más macarrones, o la cantidad de pañuelos que a lo largo de su vida gasta un funcionario, o el cabello que se pierde después de escuchar a ciertos políticos y prelados.

            El otro día desperté con la noticia de que las visitas al dentista aumentan considerablemente durante este mes tras los excesos navideños. El turrón duro, el caparazón de los crustáceos y barbaridades ibéricas como sacar corchos con los dientes hacen mella en nuestras muelas. Quien no tuvo estos percances fue un mastodonte cuyo fósil fue encontrado hace unas semanas en Crevillente. Sabemos que los mastodontes eran más pequeños que los mamuts, con patas cortas y gruesas, y de peso parecido a los actuales elefantes, pero lo sorprendente de este ejemplar, que vivió durante el Mioceno Superior, hace unos cinco millones de años, es, por un lado, que los restos indican que se puede tratar de una especie nueva, y, por otro, el excelente estado de conservación de sus molares. He visto por una foto publicada en internet el tamaño y forma de una de sus piezas; es realmente enorme, y su forma resulta llamativa porque cada una de sus cúspides parece una mama, razón por la cual a estos animales se les ha llamado así, mastodontes, palabra formada por las griegas mastos (`mama´) y odontos (`diente´).

            El magnífico estado de conservación de ese molar quizás se deba a la edad del animal, a su alimentación o simplemente a razones genéticas. Pero me hizo pensar que muchos animales, a diferencia de nosotros, son más conscientes de la importancia que tiene para la salud el cuidar de la dentadura. Cervantes sí lo sabía, y así lo expresó por boca de Don Quijote, quien, tras una paliza que le costó la pérdida de alguna pieza, le aconsejó a su fiel escudero: “Porque te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas es como molino sin piedra, y en mucho más se ha de estimar un diente que un diamante”. Creo que hemos hincado suficientemente el diente sobre este tema; a buen entendedor pocas palabras bastan.

Chabacano (6-1-08)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Enero 6th, 2008

            La noticia es extraoficial, pero es muy seguro que, a lo largo de este mes, Filipinas oficializará la decisión gubernamental de reintroducir la enseñanza del español en todos los niveles educativos tras varias décadas de marginación por parte del gobierno norteamericano, que fomentó la implantación del inglés como segunda lengua oficial en el archipiélago asiático junto con el tagalo, lengua indígena.

            Es, sin duda, una noticia extraordinaria, porque, por un lado, fortalecerá la lengua de Cervantes por todo el mundo, y, por otro, porque estamos ante la decisión justa de devolver oficialmente al país una lengua que durante siglos se empleó en todos los ámbitos y que, tras el Desastre de 1898, fue suprimida y quedó relegada a una esfera estrictamente familiar; esto, al menos, ha permitido que, a día de hoy, el español sea conocido por unos dos millones de filipinos. Para que observen la magnitud de lo que estamos comentando, imagínense, por poner un ejemplo, que en Méjico, tras pasar a jurisdicción norteamericana, se hubiese prohibido la enseñanza y el uso oficial del español durante un siglo y sólo se hubiese admitido el empleo del inglés y de las lenguas indígenas más habladas en ese país –náhuatl, maya, mixteco y zapoteco-; y que el español, tras siglos hablándose en Méjico, hubiese sufrido un retroceso cuantitativo y cualitativo.

            La Presidenta filipina, Gloria Macapagal Arroyo, destacó la presencia imborrable de la cultura española en la historia de Filipinas, tanto que es conocida como la única nación hispánica de Asia tras cuatro siglos de colonización, que comenzó en 1565 por López de Legazpi y que dio a las islas su nombre actual en honor de Felipe II. Pero, también, la mandataria recordó tristemente el declive del español sobre todo a partir de la década de los setenta, cuando Ferdinand Marcos prohibió su uso administrativo, y Corazón Aquino, en 1987, borró nuestro idioma del sistema educativo mediante una reforma constitucional. Afortunadamente, ya superadas aquellas dos decisiones anticulturales y chabacanas, los filipinos podrán ahora enriquecer su patrimonio lingüístico y cultural y decidir libremente su idioma al margen de exclusiones absurdas e injustas.

            Por pertenecer a la corona española, el tráfico marítimo entre Méjico y Filipinas llegó a ser muy intenso; en aquellos sucesivos e interminables viajes, los mejicanos descubrieron que en algunas poblaciones filipinas se hablaba un criollo, una mezcla de español y tagalo, y como les resultaba muy vulgar, malsonante y de poco estilo lo llamaron chabacano. Desafortunada elección entonces para denominar una variedad lingüística empleada hoy por casi un millón de hablantes.

Ataviados (30-12-07)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Diciembre 29th, 2007

            Me fijé en la revista que doña Rosa estaba ojeando. Era una de esas mal llamadas “del corazón”, porque en lugar de eso, de sentimientos, hay mucho dinero, sonrisas superficiales y escasa dignidad. Pero gustan porque de ellas se escurre un deseo irrefrenable de hocicar en los asuntos ajenos, de poner de vuelta y media a los protagonistas de los reportajes y, quizás, quién sabe, de desear lo que difícil o seguramente nunca se ha de alcanzar. A veces –lo reconozco- me dejo atrapar por ellas, por la textura de su papel y la calidad de las fotos, y porque, después de pasados unos minutos recorriéndolas con la mirada y con la voz, siento aplacar ciertos instintos ancestrales que todos llevamos dentro.

            A pie de una de las fotos, en la que varios comensales compartían mesa, mantel y cuchillo, se resaltaba que iban todos al ágape “muy bien ataviados”. No entiendo muy bien por qué, en lugar de decir que alguien “va muy bien vestido” o, simplemente, “muy elegante”, se emplea tanto el verbo ataviarse si éste lleva implícita la connotación de “adornarse” o “disfrazarse”. Recuerdo muchos párrafos de textos clásicos, principalmente de libros de caballería, en los que se hacía hincapié en el efecto plástico y cromático de sus personajes para resaltar su condición social y militar, y, así, se incidía en que los reyes y los caballeros iban “muy ricamente ataviados” para tal celebración o justa, es decir, con coronas y piedras preciosas los unos, y con armaduras de plata y penachos los otros. Sin embargo, no es necesario viajar tanto; hoy en día, sobre todo en ciertas celebraciones patronales, los componentes de algunas agrupaciones musicales o de coros y danzas salen ataviados con los trajes típicos de su región o con los uniformes pertinentes, pero, claro, no es una indumentaria habitual. Por esta misma razón, la gente que se disfraza para cualquier fiesta de carnaval o para una representación teatral se atavía con la ropa o disfraz correspondiente. Así pues, a un convite especial, a una comida de trabajo o a una cena de Nochevieja vamos vestidos de gala o elegantes, pero nunca ataviados, es decir, disfrazados o adornados con ropajes especiales, a pesar de que encontremos alguna rareza.

            Pero doña Rosa, que nunca ha perdido su afición por la lectura y la historia, no se estaba fijando en los trajes de los fotografiados, sino en las copas chocando entre sí en el momento del brindis: “Una vez leí que la costumbre de brindar proviene de la Edad Media por miedo a que hubiese veneno en la copa; así, al chocarlas, hacían que el líquido de una cayese en la otra, y si realmente había veneno, el otro no bebía”. Y lo cierto es que, mirando una y otra vez los rostros de la foto, me pareció reconocer en algunos de ellos la sonrisa siniestra de la venganza.

Tierra de conejos (23-12-07)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Diciembre 22nd, 2007

            No dudaron aquellos romanos, al poco de entrar en nuestra Península por el puerto de Ampurias, en denominarla Hispania, aunque hay que reconocer que el trabajo ya estaba hecho. Quizás fuese por el cansancio de la lenta y costosa conquista, o tal vez se debiese a que no pensaban en otra cosa que en cortar de raíz el ascenso militar cartaginés, pero lo cierto es que no tardaron en saber que aquella tierra tan llena de riquezas y de un clima y de una vegetación admirables, que aquella tierra de la que dos siglos más tarde dijo Julio César que era la mejor de las Provincias romanas y su preferida, era conocida por sus habitantes como Isephanim, que en lengua púnica –la de los cartagineses- significaba `isla o tierra de conejos´, por el hecho de que el animalito abundaba sobre todo en el sur de la Península, donde habitaba este pueblo de ascendencia fenicia. Si bien es cierto que el origen etimológico del nombre de nuestro país aún sigue originando varias teorías –algunas disparatadas-, mucho de verdad ha de haber en lo que hemos contado cuando el poeta romano Catulo llegó a llamar a nuestra tierra Cuniculosa Celtiberia (`Celtiberia, la Conejera´), o cuando en algunas monedas de la época de Adriano se representaba a Hispania como una señora sentada a cuyos pies yacía un conejo.

            Tanto la liebre como el conejo han sido símbolos de la procreación, y por ello representaban no sólo la fecundidad, sino también la lujuria. De hecho, hoy en día, y en contextos coloquiales, se sigue comparando a una mujer que ha parido muchos hijos como una coneja. Pero, en la Edad Media, estos lepóridos pasaron a representar la ligereza y la diligencia en los servicios, y esa es la razón de por qué aparecen representados en cuadros y, sobre todo, en sepulcros góticos, en ocasiones junto a un perro, símbolo de la fidelidad.

            Esta semana nos ha sorprendido el señor Puxeu, Secretario General de Agricultura y Alimentación, con unas declaraciones en las que aconseja el consumo en estas Navidades del animalito por su bajo precio. Pero creo que se ha quedado corto este señor, porque, en el yantar, y por su bajo contenido en grasa –perfecto para cualquier dieta-, el conejo da consistencia a nuestros gazpachos, elegancia y finura a la paella, y exquisitez y suavidad si va acompañado de níscalos y regado con un buen caldo. Claro que es una opción muy válida para estas fechas, pero no por el precio que tenga en el mercado. Al señor Puxeu le ha faltado delicadeza, sensibilidad y algo de gusto, no sólo el culinario. La indignación de millones de españoles se basa en que nos quieran dar gato por liebre.

La gorda (16-12-07)

Publicado en General by josejuanmorcillo en Diciembre 16th, 2007

            No dirán que no ha tenido eco el porquénotecallas juancarleño; cuánto no habrá dado de sí, que hasta una empresa granadina está haciendo su diciembre tras poner a la venta unas camisetas en las que aparece grabada la malhumorada invitación al silencio. Muchos defienden que la reacción de nuestro Jefe del Estado fue lógica y correcta, pero los hay también, al otro lado del charco, que reivindican al menos una disculpa española. En fin, sea como fuere, a la vista de que todavía quedan rescoldos, lo cierto es que allí se armó la gorda. Y ya que ha salido esta expresión –armarse la gorda-, les comentaré que proviene de mediados del siglo XIX, de los convulsos años que precedieron al estallido de la Revolución de 1868, que supuso el derrocamiento de la reina Isabel II, la desaparición de la Inquisición y la proclamación de la I República. Se sabe que, por ciertos círculos selectos de Sevilla, comenzó a correr la frase de que, si en España no cambiaba el talante político de la reina, iba a armarse la gorda, es decir, estallaría una revolución total que cambiase el rumbo político del país. Y así fue; se armó la gorda, y años más tarde, en 1898, la marimorena, pero eso es harina de otro costal.

             Como nuestro artículo parece deambular entre orondos, coincidiremos todos en que no hay gordo más esperado que el de Navidad, el que sólo va a visitar a unos cuantos afortunados el